Pérdidas en la histórica papelera Guarro Casas

13 de noviembre de 2013 (20:29 CET)

La papelera Guarro Casas se había mantenido hasta hace poco inmune a los embates de la crisis. Pero en 2012, la cuenta de resultados cambió de signo y viró hacia cifras negativas. Arrojan un saldo deficitario de 581.000 euros, dato que contrasta con las magnitudes positivas que presentaba el año previo, situadas en 382.000 euros. Las ventas de la casa menguaron hasta los 23,5 millones, contra 25,5 millones en el ejercicio 2011.

Guarro Casas es una de las empresas industriales más antiguas de Catalunya. Sus orígenes arrancan de finales del siglo XVII, cuando España estaba regida por el estólido monarca Carlos II. La primera instalación fabril se abrió en La Torre de Claramunt de Capellades. En 1783, inauguró su planta de Gelida, municipio que desde entonces aloja la sede social y su mayor planta de producción.

Durante largo tiempo, la marca Guarro lideró el mercado con sus papeles para dibujo, impresión y escritura, y sus recubrimientos para encuadernación. Con papel de la marca se imprimieron ejemplares de la Constitución española, de los libros de familia, de incontables versiones de la Biblia y el Corán, los pasaportes de numerosos países e incluso el papel moneda para las emisiones de la Generalitat en 1936. Miró, Dalí y Picasso, entre otros artistas, los utilizaron para sus lienzos.

A finales de los años ochenta del siglo pasado, la familia propietaria colocó en bolsa una parte del capital de la compañía. Poco después, el grupo francés Arjomari lanzó una opa y se hizo con el control de la emblemática sociedad catalana. A los pocos meses, Arjomari se integró en la multinacional británica Wiggins. Por aquellas fechas la facturación de Guarro doblaba las cifras actuales. Hoy Guarro conserva su propia personalidad dentro de ese grupo y se centra en los papeles de recubrimiento para encuadernación imitando piel y tela, en los que ocupa uno de los primeros puestos mundiales.

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