Pedro Sánchez, un líder inesperado

08 de febrero de 2016 (19:30 CET)

Cada día son más los analistas políticos que parecen sorprenderse ante la capacidad de liderazgo de Pedro Sánchez. Quienes le daban ya por políticamente muerto tras las elecciones del 20D se extrañan de la fortaleza demostrada por el secretario general del PSOE en estas últimas semanas.

Primero, al plantar cara a su oposición interna, luego al resistir a todo tipo de presiones externas y ahora al saber marcar una inteligente ronda de contactos y negociaciones para intentar alcanzar los votos necesarios para su investidura.

Consiga o no su objetivo en estas negociaciones, lo cierto es que son pocos los que ponen ahora en duda que Pedro Sánchez ha crecido mucho en muy poco tiempo.

Es él quien marca la agenda política, y no solo porque ha sido él quien, tras los desistimientos de Rajoy, ha recibido el encargo real para intentar la investidura, sino porque desde el primer momento viene jugando todas sus cartas de forma hábil e inteligente.

Pedro Sánchez ha resistido a toda clase de provocaciones, primero internas y más tarde externas, en varias ocasiones de forma coincidente y cruzada. Y lo ha hecho sin perder nunca la compostura, sin incurrir en salidas de tono, con un lenguaje tan moderado como firme.

Son ya muy pocos los analistas que insisten en que el PSOE sería uno de los partidos más perjudicados si hubiesen nuevas elecciones. Otro tanto sucede con Ciudadanos, cuyo líder, Albert Rivera, ha sabido gestionar con inteligencia sus poco satisfactorios resultados del 20D.

Mientras, Mariano Rajoy anda desnortado y perdido, sabiéndose ya un político definitivamente amortizado y cada vez más cuestionado en su propio partido.

Y Pablo Iglesias sigue sin ser capaz de asumir los retos de la verdadera política, que no son otros que los de la transacción, la negociación y el pacto.

Consciente de la tan compleja como complicada aritmética salida de los resultados electorales, Pedro Sánchez sabe que únicamente desde un gran pacto transversal, inclusivo y no excluyente, y por tanto abierto tanto a su izquierda como a su derecha, y también tanto a las voluntades centrípetas como a las ansias centrífugas, podrá alcanzar su difícil objetivo.

Si no lo logra en primera instancia –es decir, si no consigue los votos necesarios para su investidura presidencial-, Pedro Sánchez estará en magníficas condiciones para enfrentarse al reto de comparecer de nuevo como candidato socialista a la presidencia del Gobierno.

Y quienes le hayan negado estos votos, ya sean a su derecha o a su izquierda, tanto da que sea desde posiciones centrípetas como desde opciones centrífugas, pueden pagarlo muy caro en las urnas. Porque lo único que quedó claro el 20D es que la victoria del PP fue pírrica y que la voluntad de un cambio político profundo es muy mayoritaria en la sociedad española.
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