París y el Riesgo Cero

19 de noviembre de 2015 (17:23 CET)

De vez en cuando surgen eventos que conmocionan al mundo entero. El pasado viernes la Ciudad de las Luces recibió un shock más allá del trauma de la explosión física y la triste pérdida de más de cien almas inocentes. De toda tragedia, aunque parezca cruel e imposible al momento, surge una oportunidad de transformación directamente proporcional a la profundidad del daño.

Está ya más que claro que el Estado Islámico, tecnológicamente hábil, cuenta con presencia europea in situ y planea sus ataques con rigor. Está también claro que el riesgo cero simplemente no es posible y que las críticas fatuas y no desinteresadas al Estado francés en estos momentos es contraproducente, poco amigo y aún menos elegante.

Lo que llama la atención es la falta de reconocimiento del peligro extremo de intervenir en áreas geopolíticas volátiles. Una acción irresponsable que culmina con demasiada frecuencia en vacíos de poder caóticos en las regiones intervenidas en pos de "la libertad" o la ideología du jour. Las ruinas de lo que eran antes ciudades vibrantes en Irak, Libia y Siria son ahora el hogar de millones de civiles a quienes el miedo, el hambre y la completa incertidumbre son los fantasmas acompañantes de sus días y sus noches.

Por un proceso de contagio injusto, el caos de las regiones desestabilizadas en el Oriente Medio se ha transferido al continente europeo, resultando en muertes de inocentes que no tienen culpa de nada. Los actos de terrorismo a gran escala sacuden profundamente la psiquis de un pueblo, y marcan un antes y un después social, cultural y legalmente. Al combatir una guerra con enemigos invisibles es de suma importancia no ahorcar los derechos civiles a tal punto que se empiece a vivir en un estado policial. De ser así, el terrorismo ganará.

Francia tiene el ejemplo de Estados Unidos como guía comparativa en su presente y futura lucha, ya que los eventos del 11S en Nueva York fueron de una magnitud comparable.

La tensión entre privacidad y seguridad inherente en la Ley Patriota (USA Patriot Act), promulgada en Octubre del 2001 por el presidente George W. Bush, dio pie tanto a aciertos como a políticas intrusivamente inefectivas, de las cuales se puede aprender mucho al diseñar y ejecutar estrategias de combate y marcos jurídicos inteligentes. El presidente François Hollande y su gabinete tienen ahora delante de sí la inmensa tarea de defender la República con la ferocidad del león y la precisión del bisturí.

En Washington, el presidente Obama ha anunciado que no enviará por el momento tropas a combatir al Estado Islámico y su califato, y ha hecho un llamamiento a la paciencia para que los planes y estrategias presentes de combate funcionen.  

Francia le enseñó al mundo el significado de Libertad, Igualdad y Fraternidad, prendiendo un fuego revolucionario que cambió la estructura de incontables sociedades para bien. Este es el momento de apoyarla, para que de la profundidad filosófica y la exquisita ecuanimidad gala florezcan las leyes y medidas de combate precisas para decapitar la cabeza de Medusa.
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