Panrico, un gigante aniquilado por los buitres

Gonzalo Baratech

06 de junio de 2014 (16:25 CET)

La empresa catalana Panrico, fabricante de los Donut, giró el año pasado 382 millones y perdió 79 millones. Con este quebranto, se eleva a la friolera de casi 1.000 millones el que acumula desde su caída, hace nueve años, en manos foráneas. Estos escuetos datos resumen la calamitosa gestión de las sociedades de capital riesgo y los fondos oportunistas que han administrado el negocio durante este periodo aciago.

Panrico se fundó en 1961 con el nombre de Panificio Rivera Costafreda, por iniciativa de las dos familias que le dieron sus apellidos. La historia reciente de la firma registra un hito memorable. Su transferencia al fondo inversor británico Apax Partners, acaecida en 2005, por 750 millones de euros limpios de polvo y paja, cuando la crisis aún no asomaba sus colmillos. Previamente, el presidente Albert Costafreda Jó había adquirido los paquetes accionariales que obraban en poder de la multinacional Allied Lyons Domecq, equivalentes al 50% del capital, por 270 millones, de los que endosó sendos lotes del 30% y el 5% a La Caixa y Banco Sabadell, respectivamente.

En el magno pelotazo que supuso la cesión a Apax, se llevaron también un pellizco de 50 millones tres ejecutivos de Panrico, a los que Costafreda había facilitado un buen número de títulos. Se trata del entonces director general Rafael Villaseca, que procedía de la gestora de infraestructuras Gisa, dependiente de la Generalitat, y hoy es consejero delegado de Gas Natural; su adjunto Javier de Paz, quien años después devendría uno de los oráculos de José Luis Rodríguez Zapatero y cubriría la cuota socialista en Telefónica, donde sigue enrolado con un sueldo escandaloso; y Juan Arnaiz.

Costafreda entregó a los ingleses un consorcio que marchaba viento en popa, con 680 millones de facturación y 30 millones de beneficio anual. La comparación de dichas magnitudes con las que hoy arroja la compañía me ahorra más comentarios. Un hecho fundamental explica en parte el actual desastre. Reside en que para hacerse con Panrico, Apax apenas puso un céntimo de su bolsillo. Financió el grueso de la operación con créditos de un centenar de bancos, de los que respondía la propia Panrico. Ésta, al sobrevenir la crisis, no pudo afrontar el reembolso de los préstamos. Y, un buen día de 2010, Apax libró las llaves del conglomerado a los acreedores y se largó con viento fresco.

De mano en mano

A su vez, los bancos se sacudieron Panrico de encima a la primera oportunidad, pues la elaboración de rosquillas no entra precisamente en sus cometidos primordiales. La traspasaron a otro fondo, el norteamericano Oatkree, especializado en especular con deuda de entidades al borde del naufragio. Aún es el dueño absoluto de la corporación. Desde 2005, Juan Cornudella, César Bardají, Juan Casaponsa y Carlos Gila se han sucedido en el cargo de consejeros delegados. Acaso el despido más llamativo sea el de Casaponsa. Preparó un plan de viabilidad, lo elevó a los altos jerarcas de Oatkree y éstos, en menos de 24 horas, lo destituyeron fulminantemente.

Oatkree nombró entonces máximo ejecutivo a Gila, que venía precedido de una fama bien ganada como enterrador de empresas. Muy pronto quedó claro que esa reputación no era inmerecida. Sus tres primeras medidas consistieron en dejar de pagar la nómina de los 4.000 trabajadores, instar un ERE para casi 2.000 empleados y, como siniestro colofón, declarar a Panrico en preconcurso de acreedores.

No es menos frenético el baile habido en la presidencia, con cinco titulares, entre ellos dos extranjeros, más los españoles Cornudella, quien simultaneó sus funciones con las de primer ejecutivo; Juan José Brugera, actual presidente de Inmobiliaria Colonial; y José María Vilas, ex presidente de Unilever España. Todos ellos, sin excepción, discurrieron sin pena ni gloria y fracasaron en el reflotamiento.

El plan de viabilidad confeccionado por Gila tampoco se está cumpliendo. Lo ha rehecho sobre la marcha, ante el amago de Oaktree de cortar las inyecciones de numerario que, a trancas y barrancas, mantienen en pie a Panrico. El futuro inmediato presenta perspectivas sombrías. De hecho, Gila prevé que las ventas de donuts seguirán debilitándose este año. En resumen, la antaño próspera Panrico está hoy contra las cuerdas y su existencia, seriamente amenazada.
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