Paisaje después del fracaso electoral: aflora la corrupción

01 de diciembre de 2012 (00:00 CET)

La mayoría sociológica del poder judicial en Catalunya no secunda tesis nacionalistas. Gustará o no, pero esa es una realidad objetivable. Jueces, fiscales, personal de la justicia y adyacentes, tanto da que sean progresistas o conservadores, forman parte de la cultura constitucional española. En buena parte son antagónicos al independentismo que ha agitado las últimas elecciones autonómicas.

Desde el 11 de septiembre último, ese poder judicial catalán permanecía aletargado, acomplejado sobre su propia visión de lo que muchos medios interpretaban que le acontecía a la sociedad catalana. Ese temor sobrevenido quedaba reforzado con las presiones que algunos altos cargos de la Generalitat han ejercido en los últimos tiempos sobre quienes deben velar, desde la independencia que les concede la clásica división de poderes, por sanear la democracia.

La catalana es una sociedad corrupta. Si se quiere, por afinar algo más, víctima de una corrupción de baja intensidad, pero estructural y hereditaria.

Por más que siempre se mira hacia el exterior, al enemigo español, la situación interior no es para vanagloriarse de hecho diferencial si nos referimos a limpieza democrática. Desde Barcelona se incubó el llamado caso KIO; aquí tuvimos nuestra particular Banca Catalana; que ahora parece tan lejana; nuestro Tibigardens, ahora reconvertido en un esplendoroso Port Aventura; algunos inspectores de Hacienda aprendieron en esta tierra determinados subterfugios; se fraguó y expandió la cultura del 3% (ahora ya se habla del 4%) y un largo etcétera de casos con los que documentarse y avalar que baja intensidad sí, pero estructural y continuada también.

El colega Francesc Valls escribía que Catalunya no ha sido tierra de grandes corruptelas al estilo de los ERE de Andalucía. Discrepo de esa tesis, aunque comparto su visión de que tendemos a considerarlas “pecadillos infantiles”, propias de una cultura de oasis.

Ahora, con el lacerante caso Palau encima de la mesa, el de las ITV, el del urbanismo sabadellense y algunos asuntos turbios del ámbito sanitario rondando, lo más probable es que la parálisis preelectoral del poder judicial se acabe. Por higiene democrática sobre todo. Porque incluso quienes auspician la independencia deberán coincidir en que tales aspiraciones requieren de una cultura democrática de máximo nivel.

Llegados a este punto, con un paisaje postelectoral tan alambicado como impredecible, la justicia debería sacudirse los temores y profundizar en su ejercicio independiente de los poderes políticos. Desde el rigor y con plenas garantías, el poder judicial está llamado a regenerar y airear las alfombras de las instituciones autonómicas y locales. Pero no sólo eso: debe perseguir con el mismo interés y dedicación al corrupto y al corruptor, en el ámbito público y en el privado. Incluso sería una buena terapia para ejemplificar y mostrar a la sociedad que, en estos tiempos de profunda crisis y drama social, las conductas escasas de honradez y valores éticos son intolerables. Siempre lo son, pero jueces, fiscales, síndicos... están a tiempo de hacernos creer que los comportamientos colectivos e individuales son el principal activo de un territorio en el que hay gran propensión a reivindicar derechos pero en el que a veces se olvidan las más primarias obligaciones, las de carácter cívico y democrático.

TRATAMIENTO SEMANAL DE CHOQUE

Supositorio matinal >> Esta semana revelamos que existen indicios de que Telefónica recibe trato de favor en Catalunya en lo referido a concesiones y contratos públicos. La denuncia tramitada por la Oficina Antifraude de Catalunya ante la Fiscalía está basada en pruebas muy contundentes. El fiscal jefe catalán ha recibido la documentación y todo el sector de las telecomunicaciones, en el que se han repartido suculentos contratos, está pendiente de ver cómo administra ese asunto. En lo político, algunos de los altos cargos del CTTI deberían quedar invalidados, hasta tanto se sustancie, para formar parte de un nuevo Govern. Es la opinión mayoritaria de las compañías que no han tenido, supuestamente, esas condiciones y tratos tan amables.

Supositorio nocturno >>
Tras la divulgación de que un buen grupo de fortunas catalanas han sido esquilmadas por un gestor de fortunas, la ciudad anda revolucionada. Carlos Arbó no aparece y las preguntas son siempre las mismas: ¿a quién han cogido? La respuesta: a sus amigos. ¿Cuánto? Depende de los casos y del dinero B que habían acumulado. Lo paradójico del asunto es que muchos de los que ahora han sido objeto del fraude, antes eran defraudadores ante Hacienda. Y el colmo, que cuando iban a ponerse al día con el Fisco se dan cuenta de que alguien más agudo les había levantado la camisa. Relean nuestra información, y lean entre líneas...
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