"Oscar" del pueblo para Rosa Díez

07 de febrero de 2014 (00:00 CET)

El PP paga el desgaste del poder y el PSOE paga el desgaste del PSOE. ¿Descrédito de la política? En parte, porque también es cierto que una confirmación de la recuperación económica aliviaría la caída del PP, mientras que el PSOE necesita esclarecer que líder quiere. En este momento, desconciertan el lío del PP en Andalucía o, por ejemplo la inconsistencia del PSC en Barcelona.

La encuestas del CIS dan una foto fija que, incluso antes de publicarse los datos, ya ha fluctuado. Bajan porcentajes históricos PP y PSOE. Suben UPyD e IU pero están muy lejos de cualquier forma de sorpasso.

 
Lo más curioso es la alta popularidad de Rosa Díez
 
No basta con anunciar el fin de la crisis, por muchos avales internacionales que se tengan. Para alterar la atonía electoral, la ciudadanía necesita datos tangibles, un nuevo clima en la calle. El precedente de que Zapatero negase la crisis hasta el extremo, algo tendrá que ver.

El tono vital de las clases medias va a ser determinante. Los casos abiertos de corrupción política y fragilidad institucional influyen negativamente, del mismo modo que la loca pajarería de las televisiones genera una opinión como mínimo poco consistente. La democracia- espectáculo está llegando a despropósitos que hace unas décadas parecían imposibles. En Catalunya se añade la grave confusión de la iniciativa secesionista de Artur Mas.

Pero no emerge un movimiento populista. Al subir dos puntos, UPyD recabaría un poco más del 9%. Sí, Rosa Díez fue consejera socialista en el Gobierno Vasco, pero la percepción de no haber estado nunca en el poder le da una ventaja, como ocurre en Catalunya con el partido de Albert Rivera.

A Rosa Díez el último CIS, le otorga un “Oscar” del pueblo, aunque la historia de la democracia abunda en casos de políticos que caían muy bien pero que nunca tuvieron el poder.

De un partido político que haya estado en el poder, los votantes saben lo que prometió y que lo dejó de cumplir. Salvo el voto de fidelidad ideológica, el ciudadano puede ir a votar sabiendo a qué compromisos llegaron los gobiernos para salvar el equilibrio entre los intereses particulares y los generales.

¿Malestar en la democracia? Desde luego, desconcierto ante realidades tan nuevas como la globalización, el paradigma digital, la precariedad de las clases medias y un derrumbe de los valores de cohesión. El poder mundial se está desplazando. El Estado de Bienestar requiere de reformas intensivas para asegurar su continuidad. ¿Post-democracia? Es un título llamativo pero para un libro que seguirá por largo tiempo con todas las páginas en blanco.
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