Oriente (Medio) Express

17 de julio de 2012 (17:47 CET)

Una de las salidas posibles para superar esta crisis, y, sin duda, la más importante, es la apuesta decidida por la internacionalización. Para ello hay que tener sectores capaces de asumir el reto y de competir a nivel mundial. En este sentido, la industria ferroviaria lo ha conseguido. España es hoy un líder y referente indiscutible en el mundo. Las exportaciones de este sector crecieron un 26% en 2011.

Seguramente el gran contrato del AVE entre La Meca y Medina que se ha adjudicado un consorcio español integrado por doce empresas --entre ellas, Adif, Renfe, Cobra, Indra, OHL y Talgo-- además de socios sauditas, cuyo valor es de 6.736 millones de euros, es el proyecto más emblemático que se ha ganado hasta el momento. La iniciativa abrirá puertas en otros mercados, tanto en la región como en el mundo, a la vez que ejerce un impacto de arrastre para muchas empresas españolas hacia esta zona casi olvidada, que es, sin embargo, uno de los mercados más activos para la construcción de redes de trenes en el mundo.

La próxima década será testigo de grandes cambios en la región. Se han establecido planes importantes para la ampliación de sus redes existentes, la reactivación de las rutas históricas o, en muchos casos, la construcción de nuevas líneas. De los servicios de pasajeros de alta velocidad a los nuevos trenes de carga o las numerosas líneas de metro y tranvías, el ferrocarril se convierte, por primera vez, en una opción viable tanto para personas como para mercancías.

En Oriente Medio y Norte de África están previstos o en marcha proyectos por valor de 250.000 millones de dólares para trenes de largo recorrido y ligeros, tranvías y metro. Además de 15 planes en ejecución, seis se encuentran en la fase de licitación y muchos otros están en la etapa de diseño o en estudio. Las inversiones más significativas se están realizando en el Golfo, que actualmente es la parte menos conectada de la región. Pero las arcas de sus gobiernos se están llenando por los ingresos del petróleo y ello les permite acometer inversiones de miles de millones en trenes aeropuertos, aerolíneas y hubs. El objetivo es recibir 260 millones de pasajeros en 2020. Los numerosos proyectos crearán enormes oportunidades para empresas de infraestructuras, operadores de consultoría, de diseño y tecnología ferroviaria.

Dubái se unirá con Abu Dhabi, Doha, Jeddah, Manama y Riad por líneas de ferrocarril. Además, Arabia Saudita está planificando un monorraíl en Medina. Irán construye líneas de metro en seis ciudades y se han puesto en marcha proyectos de alta velocidad en Turquía e Israel donde las empresas españolas parten con ventaja.

El Norte de África no se queda atrás en el desarrollo del tren, metro y líneas de tranvía y especialmente en la alta velocidad. Argelia ha empezado el plan para construir más de 3.000 kilómetros de nuevas vías donde un consorcio liderado por FCC ha ganado el proyecto principal. También está ampliando y modernizando su red existente de tranvía y de metro en las ciudades principales. Marruecos, por su parte, ha iniciado su plan de alta velocidad, de hasta 320 km/h, para el proyecto de 1.500 kilómetros de red entre sus grandes ciudades. La primera línea se está construyendo entre Tánger/Rabat/Casablanca, con un coste de 2.500 millones de euros. Los primeros servicios estarán listos para el 2015. Hace unos días el grupo Assignia ganó dos proyectos en esta línea. Y Libia diseña dos líneas donde los trenes podrán viajar a velocidades de hasta 250 kilómetros por hora (km/h).

Otros países de la zonas como Irak, Turquía, Egipto, Israel o Irán se benefician de los sistemas ferroviarios más extensos existentes y, en la mayoría de los casos, también están invirtiendo con gran intensidad en la expansión de su línea principal y las redes urbanas.

La región tiene una de las redes de ferrocarril más cortas del mundo. Solo 34.000 kilómetros sobre una extensión de 15 millones de km2. Como resultado, la mayoría de las personas y las mercancías circulan por carretera, aire o mar. Los planes pretenden duplicar la red hasta 67.000 km.

El Golfo tiene algo más de 10.000 km de líneas de ferrocarril, pero se ampliará en 15.000 km. Las redes urbanas, incluyendo metro, tranvía y monorraíl, también crecerán desde los actuales 183 km a 2.236 km. Por primera vez el ferrocarril empieza a convertirse en una opción viable tanto para bienes y personas.

El calor y la humedad representan grandes retos debido a la acumulación de arena en las líneas ferroviarias, en especial en las rutas de larga distancia. Pero los operadores ferroviarios están dispuestos a superarlos.

La población de la región ha aumentado de 200 millones de habitantes en 1980 a unos 415 millones en la actualidad. La proporción de personas que viven en las ciudades ha subido hasta el 60% durante ese período. En muchos países del Golfo la cifra es aún mayor, y el 90% de la población vive en zonas urbanas.

Todo apunta a que empieza el periodo más importante para el ferrocarril en la región desde el siglo XIX. En esencia, estos planes significan que la visión de los pioneros para conectar las ciudades de todo Oriente Medio y Asia con Europa, por tren, empiezan a hacerse realidad.

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