Oliu, Podemos y los temores de la derecha

27 de junio de 2014 (00:47 CET)

Hubo quien sostuvo que la emergencia de Podemos no era más que una operación de la derecha mediática, que le había cedido el uso de sus televisiones para conseguir un fragmentación mayor de la izquierda y de paso que el PP mantuviera las constantes vitales en mejor tono que el PSOE.

De conspiradores e inventores de conspiraciones, España está lleno. Pero lo cierto es que la irrupción del partido de Pablo Iglesias ha generado un indescriptible temor en ciertos círculos de poder. En especial, y a la vista de su rompedor discurso anticapitalista, entre el poder económico.

El presidente del Banc Sabadell, Josep Oliu, se está caracterizando por actuar como un banquero atípico. Tiene, por decirlo eufemísticamente, pocos pelos en la lengua. Mientras que a otro banquero catalán (Isidro Fainé) se le reclama desde determinados ámbitos españoles una posición clara con respecto al debate soberanista, Oliu se pronunció hace meses sin dejar ningún espacio a la duda.

 
La situación política no será jamás la misma. Está pasando en toda Europa y nos ha llegado el turno aquí
Su reflexión última en la que admite que Podemos genera temores entre su casta (por utilizar la terminología de Iglesias & cia.) es suficientemente sincera como para tenerla en consideración. Más peregrina parece, en cambio, la propuesta que lanza de crear un equivalente de la derecha. Por más que entre el centro y la derecha haya un espacio hoy también disconforme con una parte del ejercicio político, las sensibilidades son tan distintas que tiene pocas posibilidades de prosperar.

En cualquiera de los casos, la situación política no será jamás la misma. Está pasando en toda Europa y nos ha llegado el turno aquí. Ni en la gobernación del Estado: basta decir que con Oliu estaba Mónica de Oriol, quien cargó contra los sindicatos y la patronal con una saña indescriptible. Si los empresarios piensan cómo ella, ¿quién puede firmar un pacto social en España? Los agentes sociales desacreditados y los partidos políticos templados en vías de extinción son un panorama desolador. No es de extrañar que los más conservadores tengan miedo. En absoluto.
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