'Nueva Política'

Jordi Joly i Lena

03 de febrero de 2013 (20:34 CET)

Ha estallado todo. Tenemos la sensación de que cada día vamos a peor, pero no es eso. Lo que pasa es que estamos sufriendo el impacto de la onda expansiva de lo que se consolidó hace tiempo, mientras todos estábamos instalados en la comodidad personal.

Es por ello que deberíamos reflexionar también sobre la responsabilidad individual, por delante de la colectiva e institucional. Todos somos responsables desde nuestra individualidad de lo que nos está pasando, y sólo a través de esta responsabilidad personal saldremos de nuevo de forma colectiva. Culpar de todo a entes abstractos es fácil, ser conscientes de que todo lo hacemos y construimos las personas necesita unos valores que quizá no tenemos y que deberíamos cultivar.

¿Cuántas veces he oído o leído que el problema de las finanzas públicas y en general de la política era la caída de los ingresos debido a la crisis? Pues no. Ese no era el problema clave. No era la raíz. Ésta sólo la encontraremos en una mala cultura política, de una política alejada de la gestión, una política que no quería ser consciente de que este mundo actual sólo funciona con alta capacidad profesional, que de ahí sale la confianza.

La falta de profesionalidad lleva a no entender ni saber valorar cosas tan importantes como la transparencia, la necesidad de controlar el dinero público como primer tesoro a ser preservado en beneficio de las personas y la sociedad en su conjunto, la sostenibilidad, la ética y un largo etcétera de valores que deberían formar parte de todo aquel que se dedique a la cosa pública.

Hasta la fecha, la política nunca ha querido entender que para convertir las ideas en realidad necesita capacidad profesional y ejecutiva, y esta capacidad sólo la tiene disponible a través de las organizaciones públicas. La administración es en definitiva la gran empresa que todos los ciudadanos tienen a su disposición para construir entornos de confianza, competitivos y sostenibles.

Reformar los partidos políticos ya no es suficiente. Hace falta una reconstrucción de base cero. Los partidos son insustituibles pero ¿qué les pasa actualmente? Que han quedado huérfanos de definición de funciones. Éstas no están determinadas ni garantizadas en ninguna parte. Entre otras, podrían ser:

1) Tener voluntad expresa de gobierno y capacidad para poder acceder con garantías.

2) Ser agente de promoción y desarrollo de una política de calidad.

3) Buscar, identificar y promocionar las personas que presenten las mejores capacidades para acceder a posiciones políticas de gobierno determinadas.

4) Buscar, identificar y promocionar las personas profesionales que presenten las mejores capacidades para acceder a posiciones de alta dirección, posiciones que no deben entenderse políticas ni funcionariales, y que deben ser auténtica fuente de liderazgo de las organizaciones públicas y su administración.

5) Promover acuerdos de formación complementaria con las principales universidades y escuelas de negocio para aquellas personas que puedan estar interesadas en la vocación pública y política

6) Establecer un código ético y organizativo muy estricto dentro de las nuevas estructuras de los partidos políticos que queden blindadas y auditadas por ley de forma constante y pública

Todo ello puede parecer a día de hoy ciencia ficción, pero si esta fuera la dirección, nada debería impedir una financiación pública fuerte a este tipo de organizaciones.

Todo esto, sin embargo, no será posible si no se destierran los comportamientos grupales, de facciones y demagógicos basados ​​en el enfrentamiento constante a cualquier otra opción, sin ningún control organizativo de calidad, sin identificar ni analizar las capacidades de las personas que forman parte de las militancias clásicas. Estas personas acceden a estructuras ejecutivas a base de años y con clara opción de ocupar posiciones políticas de primer nivel sólo por fidelidad y seguidismo a un colectivo determinado.

Son los nuevos partidos y las nuevas organizaciones que han nacido de esta situación que deben garantizar los principales filtros a una actividad tan noble, principal para la sociedad y extraordinariamente compleja como es la política y la gestión pública.

No podemos continuar hundiéndonos más y más, hay que reaccionar. Ha llegado el momento para una Nueva Política.
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