Noticias que invitan al optimismo prudente

13 de octubre de 2014 (00:00 CET)

Que la catalana (o española, como prefieran) Gas Natural se haya lanzado a presentar una OPA en Chile es una noticia sobresaliente. No tanto por el monto de la operación --la compañía suramericana vale 2.600 millones de euros--, sino porque las empresas de casa parecen que vuelven a subir al carro de la globalización, que ha pasado el mayor miedo a la crisis financiera y económica mundial, que los mercados de capitales se reabren y que las oportunidades reaparecen.

La empresa que preside Salvador Gabarró se lanza al mercado externo mientras que en el interior sigue peleando con el Gobierno por las energías renovables y la reforma que se hizo en el sector. Tensiones no menores, basta recordar el sapo que se tragó Gas Natural con los buques de Navantia, por ejemplo. Pero afuera parece que siguen existiendo motivos para seguir invirtiendo en negocios rentables en el medio y largo plazo. Y los ajustes que casi todo el tejido empresarial español se ha visto obligado a realizar por la crisis (reducción de dimensiones excesivas en lo laboral, financiero o comercial) le dan una cierta mejoría de sus perspectivas de crecimiento futuro, sobre todo en el campo internacional.

 
Los italianos acaban de lanzar una reforma laboral calcada de la española; los franceses se han puesto al tajo
 
El silencioso Mariano Rajoy podrá argumentar electoralmente que ha realizado algunas reformas imprescindibles para salir algo más rápido de la crisis que sus homólogos europeos. Esta misma semana el senado de Italia aprobó una reforma laboral que los expertos consideran calcada de la española. Que ese Gobierno socialista haga una apuesta laboral similar a la de los conservadores españoles resulta bastante significativo de por donde van los tiros en la Unión Europea. Miren, por ejemplo, a Francia. Su gobierno, del mismo signo que el italiano, se está viendo impelido a ponerse a trabajar muy en serio con reformas estructurales que la política interna había aplazado durante decenios y que la crisis vivida hace más necesarias que nunca para evitar un auténtico desplome del vecino del norte.

Después cada país le pone su acento, su política de comunicación y las capacidades de liderazgo de sus dirigentes, pero acumulamos ya mucho tiempo desde que la política económica en la UE ha tomado un mismo rasero y las soberanías son casi simbólicas, más todavía con países literalmente intervenidos y otros bajo vigilancia.

Es posible que en 2008 el drama de la crisis española, sobre todo en términos de empleo y de sector financiero, fuera muy superior a la de los vecinos comunitarios. Eso que ha supuesto unos años de dolor extremo a una sociedad puede haber sido quizá un acicate para que algunas cuestiones no durmieran en los cajones. Y hasta podría darse la circunstancia de que la salida de la crisis sea más rápida y efectiva gracias a esas reformas laboral, fiscal y financiera que se han desarrollado. Está por ver y será necesario más tiempo para evaluarlo con exactitud, pero noticias como el despegue de Gas Natural son ya una señal más positiva que aquellos brotes verdes que se anunciaban pero de los que jamás aparecía la flor o el grano.
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