Nos falta nuestra Syriza

25 de enero de 2015 (19:48 CET)

Después del éxito de Syriza en Grecia, las miradas se centran en saber si algo similar es posible en España. Las situaciones son diferentes, pero también los parecidos.

A pesar de no sufrir un ajuste tan fuerte como Grecia, también aquí hemos sufrido las políticas austericidas dictadas por la Troika y el "diktat" de Merkel. Las desigualdades sociales han crecido hasta cotas inadmisibles; los recortes han reducido nuestro estado del bienestar en sanidad, educación y en el conjunto del gasto social; los salarios y las pensiones se han reducido; el paro ha crecido hasta un 25%, afectando especialmente a la juventud; la pobreza se ha disparado etc.

Mientras salvaban entidades financieras hundían a la ciudadanía. La credibilidad de los partidos de la derecha y de los que han hecho políticas de derechas está bajo mínimos. La derecha, PP y CiU, están infestados de corrupción hasta la médula de los huesos. El PSOE, también está afectado, en menor medida, y a la vez se encuentra en una situación de desconcierto ideológico fruto de su deriva social-liberal y de las políticas de derechas de sus gobiernos que le han llevado a una fuerte y sostenida caída en sus perspectivas electorales.

El régimen del bipartidismo imperfecto parece tocado de muerte, como en Grecia. Y aparece con fuerza la alternativa populista de Podemos en detrimento de las fuerzas de la izquierda alternativa. Pero Podemos no es Syriza. Syriza es una fuerza política con un programa ideológico nítidamente definido de izquierda alternativa.

Syriza no es un producto de laboratorio intelectual ni basado en el marketing comunicacional, es algo más. Syriza tiene una larga historia política, es el resultado de la confluencia de fuerzas de la izquierda alternativa, eurocomunistas ecologistas, ecosocialistas, grupos de izquierda radical que hn, hecho mucho el camino político juntos. Syriza ha pasado por muchos momentos de aprendizaje político, desde la oposición minoritaria a la alternativa política. Madurando su programa. Practicándolo en los municipios y regiones, en la oposición y en el poder.

Así hasta hoy en que, por fin, se consolida como la fuerza que ha de tratar de gobernar Grecia desde una nueva óptica. En nuestro país no existe una Syriza, y Podemos no lo es ni por trayectoria, ni por madurez ni por práctica política. Su mensaje no es de confluencia ni de unidad de las fuerzas alternativas al bipartidismo. Es exclusiva, es el "nosotros solos". Verbaliza prepotencia, sectarismo y carencia de "finezza" política.

Eso sí, tiene un muy buen dominio del lenguaje comunicacional, es como un nuevo producto que se ofrece al consumidor electoral. Pablo Iglesias ha repetido muchas veces que ellos sólo están para ganar. Incluso ha manifestado que él no se plantea estar cuatro años en la oposición. Esta posición, poco política, es la que lo diferencia de Alexis Tsipras, un político hecho paso a paso, aprendiendo de las derrotas y de las dificultades de la política cotidiana.

Lamentablemente, Podemos no ha optado hasta ahora por la unidad. En las últimas elecciones europeas la suma de las fuerzas alternativas Izquierda Plural, Podemos, y Equo obtuvieron tantos votos como el PSOE. La confluencia podía posibilitar una alternativa plural, alentadora y completa ya que unos tenían experiencia, mientras que otros el dominio de nuevas formas comunicativas.

Lamentablemente, la unidad no parece ser posible de momento. Es posible que se pierda una oportunidad política única de cambio. Es posible que los personalismos y la prepotencia de algunos rompan una oportunidad histórica. Es posible que la carencia de voluntad pueda llevar a un fraccionamiento de fuerzas que posibilite que la derecha vuelva a ganar y se rompa una esperanza.

Necesitamos nuestra Syriza y la necesitamos ahora. Ha habido intentos y embriones de construirla. La existencia de la Izquierda Plural (IU, ICV, CHA, Anova, etc.), la constitución de AGE en Galicia, la coalición continuada de ICV-EUiA en Cataluña son pasos en esta dirección. La política de confluencia política de estas fuerzas es un camino difícil, pero positivo.

Avanzar en la unidad de las fuerzas alternativas sumando gente como Equo o Espacio Plural, Compromís y si fuera posible Podemos tendría que ser el objetivo necesario. En Barcelona de cara a las elecciones municipales se ha acordado la constitución de una coalición electoral que sería como un pequeño embrión de la nuestra Syriza.

La coalición de Guanyem, ICV, EuiA, Podemos, Procés Constituyent y Equo, es la constatación de que la unidad es posible, y que se tiene que hacer a partir de renuncias de todos, de generosidad política, como se ha dado en este caso, y voluntad política por encima de todo para hacer otra forma de política que ponga a la ciudadanía como prioridad ante todo, incluso de los propios intereses de partido.

No tenemos nuestra Syriza y la necesitamos. Hace falta responsabilidad, generosidad y lealtad, mientras sobran personalismos y sectarismos. Todos pueden aportar su bagaje más positivo y eliminar sus aspectos de todo tipo, organizativos, políticos y personales, más negativos. Sólo así, se conseguirá una unidad de la alternativa.

El resto son juegos de palabras. No se puede confrontar la unidad popular con la unidad de la izquierda, porque la izquierda significa la expresión política de la mayoría de los trabajadores y las clases populares, es decir, de la mayoría del pueblo, de la ciudadanía. El resto sólo son ganas de diferenciarse y de frustrar las esperanzas ciudadanas. Es la hora de Syriza y de Alexis Tsipras en Grecia. Es la hora de construir una alternativa como la que representa Syriza aquí y ahora. Es la hora de eliminar protagonismos y sectarismos estériles, de no resignarse a continuar perdiendo.
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