No votaremos de verdad hasta las municipales

20 de octubre de 2014 (00:00 CET)

Las dos mujeres que llevan la agenda de la política catalana en los últimos meses le han pedido al Presidente de la Generalitat, Artur Mas, unas elecciones plebiscitarias en un máximo de tres meses para apoyar la pseudoconsulta del 9N. Bueno, le han pedido más cosas: unidad entre los partidos políticos que apoyaron la celebración de la consulta y que se sienten de nuevo en la mesa para articular la llamada candidatura única del bloque soberanista.

A la petición de esas elecciones autonómicas, aparentemente convertidas en el siguiente paso de la estrategia independentista, se apunta asimismo el líder de ERC, Oriol Junqueras. En su caso, con la boca pequeña, porque en su formación hay opiniones para todos los gustos con respecto a este asunto. Nos apuntamos, incluso, quienes no defendimos la consulta refrendaria, pero también queríamos votar para evitar la parálisis que vive la política catalana.


 
Ni las encuestas ni los intereses cortoplacistas de los partidos permitirán cumplir el deseo de Forcadell y Casals

Forcadell (ANC) y Muriel Casals (Òmnium) han sido categóricas en sus peticiones, prueba inequívoca de haber asumido el papel de supuestas rectoras de la política local ante la dejadez y desmoronamiento que viven los partidos mayoritarios hasta la fecha. Le dicen a Mas y al resto de políticos que quieren elecciones para la próxima primavera, después del previsible efecto propagandístico del butifarremdum del 9N sobre la opinión pública interna y externa.

Luego, después de los gestos, están los hechos, más tozudos. El 25 de mayo de 2015, el cuarto domingo de ese mes, estaremos votando en nuestros municipios para elegir la lista de concejales que deseamos gobiernen cada ayuntamiento. Y ésas serán las primeras elecciones reales para Cataluña y para el resto de España. No habrá, ténganlo por seguro, unas elecciones autonómicas antes de esa fecha. Y los partidos tendrán suficiente cuidado en distanciar unas eventuales autonómicas en el tiempo. Salvo a C’s, parece que una eventual convocatoria no seduce a nadie.

Por más que los múltiples y fervorosos seguidores de las dos lideresas puedan creer en su capacidad de influencia mediática, que nadie se llame a engaño. Mas las utilizará como fuerza de choque político hasta que, como ha pasado con ERC, desee proseguir en solitario. No le queda mucho recorrido político, pero una cosa es la realidad y otra las intenciones. Y en ese ámbito me atrevo a dar por hecho que esas elecciones autonómicas plebiscitarias se harán esperar. Por cierto, lo de plebiscitarias en el sentido de candidatura única, también está por ver.

Mientras, los mismos dirigentes gubernamentales que comentan en privado esto que les acabo de narrar no tienen el más mínimo problema en mantener elevada la teatralización del asunto, que resulta muy necesaria para el buen fin de su proyecto partidista.

Forcadell y Casals deberían interiorizar que Mas un día las dejará en la estacada. Pueden creerse que cuentan con una grandísima y atemorizante capacidad de movilización social, pero eso también decaerá el día que los medios de comunicación públicos dejen de tratarlas como las nuevas celebrities catalanas y el impacto de sus ideas y arengas políticas se limite en los medios públicos y subvencionados. Junqueras, el gran rival electoral de Mas, ya ha comprobado cómo las gasta su fiel presidente. Fiel hasta que dejó de serlo para defender cada quien sus intereses cortoplacistas y partidarios.

Por si todo ese tacticismo de vuelo gallinaceo resultara insuficiente, hay datos sobre la mesa que les ponen algo más nerviosos. Además de las encuestas internas que poseen, algunas otras dicen dos cosas: por el lado independentista, hay dudas de si CiU y ERC sumarían una mayoría suficiente (la encuesta de ayer de La Razón asegura que no llegan); por el lado no soberanista se dispara en Cataluña la intención de voto de Podemos y C’s no deja de crecer en detrimento del PSC principalmente.

Imaginar un panorama postelectoral en el que sólo cupiera una gobernación basada en el pacto haría muy difícil con esas tendencias de hoy que el bloque independentista consiguiera sus propósitos. Por todo eso, más los intereses más inmediatos de cada uno de ellos, ¿cómo van a correr para convocar unas autonómicas? Si a ninguno le interesa, Forcadell y Casals van a tener que esperar y aprender que una cosa es gobernar por mandato democrático y otra creérselo porque les hayan permitido ejercer una influencia momentánea e interesada.
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