No se ve el voto europeo

11 de mayo de 2014 (14:48 CET)

La crisis económica de 2008 ha tenido el efecto colateral de hacer saber a los ciudadanos de los Estados-miembros de la Unión Europea que son más eficaces las iniciativas conjuntas que el ir cada uno por su lado.

Aún así, no existe lo que llamaríamos un demos europeo, del mismo modo que los intentos de crear medios de comunicación de dimensión europea no han tenido éxito.

En unas elecciones al Parlamento Europeo, seguimos votando en clave nacional, aunque sea sobre asuntos cuya decisión corresponde a la Comisión o al Consejo Europeo. No parece que eso vaya a cambiar el 25 de mayo.

Es más: en el caso de Cataluña, la propuesta independentista va a absorber todas las energías de la campaña electoral. Fundamentalmente, se trata de saber si ERC sobrepasa a CiU, como queda el PSC, hasta que punto Ciutadans le arrebata votos a un PPC que parece estar "groggy". ¿Será ERC el voto útil para el independentismo? Y luego, ¿qué?

Luuk Van Middelaar, el filósofo holandés, speechwriter de Van Rompuy y autor de El paso hacia Europa, recuerda que los líderes nacionales son elegidos por sus respectivas ciudadanías y ahí es donde reside su legitimidad democrática. En realidad, no hay precedentes de un político nacional que haya ganado votos por el mérito de su presencia efectiva en el estadio europeo.

Efectivamente, en las elecciones nacionales el electorado –como ocurre en España- no valora su voto en virtud de si un candidato es o será un estadista de talla europea. Lo que votan es alguien que gobierne su país con eficacia. Por eso en las elecciones europeas la agenda nacional lo acapara todo, salvo la nutrida abstención.

En el caso de Catalunya, la consecuencia racional sería que en esta fase de la campaña europea tuviese máxima prioridad debatir sobre lo que pasaría en caso de quedarse fuera de la Unión Europea, si el proyecto secesionista lograse su objetivo.

Pero por ahora el debate electoral peca de desnutrición, de falta de ideas, y de dialéctica esclarecedora. Hay candidatos que van postulando con gran alegría que la Unión Europea no podría dejar de lado una Catalunya independizada de España.

Son afirmaciones sin sostén argumental alguno pero siguen desfilando por los mítines con una rotunda falta de consideración a la verdad.

El rasero de la casta política que estos días anda en campaña está muy bajo, bajísimo. Lo detecta el ciudadano que, de modo excepcional, siga sus confrontaciones mediáticas.

En tal caso, y sin ánimo de impertinencia, elecciones europeas, ¿para qué?
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