No frustremos a los jóvenes

30 de septiembre de 2014 (12:36 CET)

La región mediterránea sufre una de las mayores tasas de desempleo entre la población joven y formada del mundo. De sus 450 millones de habitantes, el 45% son menores de 21 años. La región requiere 100 millones de nuevos empleos para el 2020.

El 50% de los jóvenes está en paro en España; el 41% en Grecia e Italia; el 36% en Portugal; el 35% en Egipto; el 30% en Jordania; el 28% en Túnez, etc. A muchos jóvenes formados sólo les queda una salida difícil ante un futuro sin trabajo en su país: emigrar.

Forman la llamada generación de refugiados económicos. Esta fuga de cerebros podría tener graves consecuencias para estos países. Será muy difícil construir una sociedad y crecer sin contar con ellos, sin las mentes jóvenes y brillantes.

Estos jóvenes salen de las universidades o las escuelas. Comparten la realidad de la desesperación y el deseo. No están motivados por un líder inspirador o espiritual. Las redes sociales facilitan las citas y el espacio abierto les protege de las prácticas que algunos regímenes utilizaron para silenciarles.

No se puede comprar el tiempo y los gobiernos incapaces de proporcionar empleo a su población joven e inquieta, no pueden escapar de la agitación política y social. Se deben proporcionar incentivos suficientes para priorizar el empleo.

Es difícil para los jóvenes licenciados y formados sentirse respetados y dignos cuando viven con sus padres y son incapaces de independizarse o mantenerse por sí mismos, debido a la falta de oportunidades de empleo en sus entornos. Los problemas económicos causan frustración en la vida personal y en la trayectoria de crecimiento. El período de estancamiento prolongado de estos jóvenes después de su graduación está paralizando la cohesión social.

Para muchos jóvenes, el sueño de mejorar o superar lo que sus padres han disfrutado ya no es más que una pesadilla. La desesperación está aumentando y crece el número de jóvenes que asumen posiciones o ideologías extremas de todos los colores que les prometen que tendrán un futuro mejor.

Han pasado más de un tres años desde que Mohamed Bouazizi, un joven de 26 años de edad, licenciado universitario, pero vendedor ambulante de Túnez, provocó el inicio de lo que se conoce como la Primavera Árabe. Fue el último acto de un joven abatido cuyos esfuerzos por ganarse la vida se vieron frustrados. Decidió quitarse la vida, prenderse fuego, en una plaza pública para que todos conocieran su protesta y desesperación.

Nadie podría haber imaginado que este acto desesperado, uno más, desataría un levantamiento popular en Túnez, que rápidamente se extendió por toda la región, alcanzando a muchos países.

Los jóvenes están en el centro de todo. Constituyen el eje del desarrollo socioeconómico de un país. Sin ellos no hay ni crecimiento ni expansión. El principal reto ahora es la obtención/creación de empleo para los jóvenes durante la década actual y la siguiente. Es la consecuencia de un aumento importante demográfico, la incapacidad de muchas economías para absorber un gran número de solicitantes de nuevos empleos y la creciente competencia internacional.

Los jóvenes tienen tres veces más dificultades para conseguir un trabajo. Los gobiernos deben asumir su responsabilidad y prever un entorno propicio para los negocios, la inversión y el desarrollo. Deben ampliar los ámbitos de la educación y la relación con el mercado laboral.

Los jóvenes exigen que no se frustren sus esperanzas, que el título universitario no sea sólo una tarjeta del club de los parados, que un trabajo digno no sea un sueño inalcanzable, que las cosas cambien. No están dispuestos a perder su presente y menos su futuro y reclaman ser socios de las decisiones que afectan a sus vidas.

Cada generación necesita una nueva revolución pronóstico Thomas Jefferson. Hace falta un cambio de mentalidad. Debemos pasar del trabajo público para toda la vida y del dinero fácil, a la acción proactiva, el espíritu emprendedor, el autoempleo, las pymes.

La sociedad debe aprovechar su creatividad y el potencial de sus jóvenes, les debe dar el apoyo, la oportunidad y la libertad para hacer su contribución. No hay que matar al genio y a la innovación, sino dar valor a sus ideas, alimentar su esfuerzo, talento y la confianza en sí mismos para buscar de forma natural un trabajo. Se necesita una nueva revolución en el empleo juvenil. Es el momento de las intervenciones inteligentes para aliviar el desafío. El cambio es inevitable y será enriquecedor si abarca a los jóvenes.

En su mensaje a los jóvenes, Andrés Bello les animaba: "aprended a juzgar por vosotros mismos: aspirad a la independencia del pensamiento", para ser individuos, para ser ciudadanos, para ser hombres libres, por encima de la voluntad de cualquier otro, por encima de la voluntad de los gobiernos jamás superior a la autoridad de la nación, al mandato de la Ley y a la soberanía del pueblo.

Si buscamos la transformación cualitativa de nuestras sociedades, tenemos que luchar contra las actitudes negativas que frustran a los jóvenes. Los jóvenes no sólo son el futuro de mañana. Son los líderes, empresarios, trabajadores y solucionadores de problemas de hoy.
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