No era eso Alemany, no era eso

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11 de febrero de 2011 (20:34 CET)

Un proverbio árabe reza así: “Si lo que vas a decir no es más bello que el silencio: no lo digas”. Me explico. El viernes se reunió por primera vez el Consejo Asesor para la Reactivación Económica y el Crecimiento (Carec), un órgano consultivo del Govern de la Generalitat que preside Salvador Alemany y que fue una de las grandes aportaciones de Artur Mas a la legislatura. El organismo nace con un buen propósito: asesorar al presidente de la Generalitat y a su equipo económico en el desarrollo de políticas que puedan contribuir a sacar a Catalunya de la crisis.

Pero la génesis, por bienintencionada que sea, no presupone que su futuro sea útil. La composición de ese organismo ha sido la primera sorpresa. En el mundo económico barcelonés cundía la esperanza de que esa institución de nuevo cuño fuera un estímulo efectivo y no una gestualidad cosmética. Hubo incluso ilusión al pensar que con Alemany al frente era difícil que la Carec fuera una patochada más de esas a las que la clase política y sus adláteres nos tienen acostumbrados. Pues no, no ha habido suerte.

El propósito es el que es, pero de los 17 integrantes de la Carec, casi el 60% proceden del mundo académico (varios cátedros, profesores, decanos, representantes de escuelas de negocios...). El resto, un par de profesionales destacados y vinculados a CiU, como Heribert Padrol y Joaquim Triadú, y otro par de representantes de las empresas (uno venido de la patronal eléctrica; otro, el director general de una empresa). Eso es lo que hay, y con esos mimbres se ha construido el cesto.

¿Qué falta? Una dosis de realidad y de transversalidad. Nadie del mundo económico catalán confía en que este consejo sirva para mucho. Ni es una aplicación del Gobierno de los mejores que prometió Mas, ni es poliédrico y plural como Catalunya merece y le corresponde. ¿Cómo se pueden sugerir políticas públicas, soluciones anticrisis única y exclusivamente desde modelos y postulados académicos? Así nadie debe extrañarse de que un consejero como Francesc Xavier Mena haya hecho el ridículo ante un cierre empresarial como el de Yamaha, al que sólo le disculpa su bisoñez.

¿Por qué no hay ningún representante del mundo laboral en ese consejo? ¿Necesitan nombres? ¿Joan Coscubiela, por ejemplo? Y como es posible que no haya en ese órgano ninguno de los empresarios que están triunfando con sus empresas y sus modelos prácticos en otros países del mundo. ¿Fernando Rodés (Havas-Mediaplaning), Isac Andik (Mango), Víctor Grífols (Grífols), no hubieran aceptado colaborar con Alemany?

Es posible que el presidente de este consejo haya hecho los deberes y los elementos hayan quemado sus naves, lo desconozco y lo admito. Pero en cualquier caso el primer resultado de su gestión, la composición de ese consejo de notables, ha decepcionado. No era eso Alemany, no era eso lo que se esperaba del espíritu emanado del gobierno de los mejores.

¿Acaso será más útil para la economía del país ese consejo asesor que el pacto estratégico que firmaron en tiempos de Castells todos los agentes sociales y en el que también participaron como asesores externos personalidades de todos los campos? ¿Cuál de estos catedráticos y profesores podrá darle novedades al conseller Mas-Colell para diseñar políticas públicas en el restringido contexto microeconómico sobre el que puede incidir la Generalitat? ¿Habrá alguien capaz de aportar desde ese ámbito una mínima doctrina o el Carec sólo servirá para avalar y justificar políticas previsibles decididas de antemano?

Vuelvo al principio, al proverbio árabe. Cuán bello es, en ocasiones, el silencio. 
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