Necesitamos: un "revamping" político

05 de abril de 2013 (21:35 CET)

En la Industria Química se entiende por ‘revamping’ las acciones de mejora de una determinada planta química dirigidas a modernizar equipos y procesos y a la incorporación de nuevas herramientas con el objetivo de mejorar la producción. Con ellas se optimiza y se facilita la operativa, se reduce el consumo y se incrementa la seguridad, y todo ello sin necesidad de construir una nueva planta cuyo coste sería inasumible.

Como esa planta química, España precisa urgentemente de un ‘revamping’ porque están fallando casi todos los indicadores de funcionamiento: el institucional, el político, el económico y el social. Todos se han deteriorado y la razón, como en la planta química, es que no ha habido el necesario mantenimiento ni la innovación constante. Cuando más se precisa en la crisis económica, falla la red social, los tirantes institucionales y las políticas de cooperación, de diálogo, de compromiso compartido y de consenso.

Falla la transparencia y la solidaridad institucional y aflora el sectarismo, social, político e institucional, y el desprestigio de todos los agentes por los que necesariamente debe pasar la solución, ahondando en una particularidad muy nuestra, como es el desapego a la participación activa de la ciudadanía en la política.

Partimos de una cultura ciudadana acostumbrada a convivir con la apatía hacia la política, con el "apoliticismo": España es el país de Europa con los niveles de participación política y social más bajos; cuatro de cada diez españoles considera que es mejor no meterse en política; tan sólo el 2,8% pertenece o participa, de alguna forma en un partido político. La única actividad en donde los españoles estamos por encima del resto de los europeos es en la participación en manifestaciones. Igual es que en determinadas circunstancias somos un país que nos sobra temperamento y nos falta carácter.

Así, a veces, parece que no existen ideologías, ni políticas de derechas o de izquierdas, justas o injustas, acertadas o equivocadas, que no existen empresas que especulan o deslocalizan, ni otras que invierten y crean riqueza, innovación y empleo, etc. Nada de esto existe, han desaparecido del debate público, de las ideas, de los buenos y los malos ejemplos, mientras encontramos la explicación a todos nuestros males en la política y los políticos. Explicación cuanto menos curiosa para una sociedad apolítica y que apenas interviene, participa, controla y fiscaliza la gestión pública, porque considera que no va con ella, que son cosas de “esos” políticos.

La culpa la tienen los políticos. Qué suerte tienen y qué poco miedo les da a algunos sectores esta conclusión y esta denuncia, aunque llene la calle de cacerolas y manifestantes gritando "el próximo parado un diputado", o incluso que en las tertulias familiares se oiga decir "todos son iguales”. A algunos les puede parecer muy innovador, e incluso revolucionario, pero en este país es más viejo que el hilo negro. Expresiones que, quizás, sólo se explican por los largos periodos que hemos vivido sin democracia.

Así que estamos ante el curioso -por no decir contradictorio- convencimiento social de que la responsabilidad única de la grave crisis económica es de los políticos y, a la vez, persistimos en una escasa participación ciudadana a través de partidos y asociaciones, que deberían ser los cauces principales para transformar el statu quo de las cosas.

Seguimos renunciando y desmotivando, cuando no denostando, la afiliación y la militancia política y sindical, y seguimos sin entender que prescindir de los partidos, de las patronales y de los sindicatos, de estos instrumentos necesarios e insustituibles, hará más difícil cualquier solución, porque sin organizar la participación ordenada de la ciudadanía como resultado de la militancia social y del compromiso político estable, no habrá alternativa a la improvisación, a las tertulias y cenáculos o a la atomización corporativa, y no habrá propuestas coherentes y razonables que nos saquen de ésta.

Necesitamos hacer un "revamping" a este país como a esa planta química, para mejorar su seguridad, productividad y calidad, y para ello, es necesario que en el Parlamento esté la centralidad política y no sólo la pelea y que la sociedad invada los partidos políticos para que rompan su autismo. Un "revamping" que unos le llamaran "Nuevo Pacto Constitucional" o "Nueva Transición" y otros " Gran Pacto" y que todos expresan que hemos agotado una época y que hay que actuar.

Actuar como todas las sociedades democráticas que han superado una crisis de esta naturaleza e identidad, que ha sido con diálogo y consenso. Y para ello se precisa la activa participación de todos los implicados, es decir del conjunto de la sociedad, y con ella un efectivo liderazgo, no efigies en la pantalla de plasma.


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