Nadie va a hablar de Europa

15 de abril de 2014 (00:00 CET)

No será una sorpresa que no se hable de la Unión Europea en las elecciones a la eurocámara. En realidad, lo contrario nos dejaría estupefactos.

Estamos en una variante de la política nacional, sin más. Por el PP, Arias Cañete conoce los entresijos más recónditos de Bruselas; por el PSOE, Elena Valenciano ha llevado los temas internacionales de su partido con soltura.

Pero el tema electoral será Bárcenas, las tramas oscuras cercanas al poder socialista andaluz o quién sabe si los orígenes de la Guerra Civil.

En Catalunya, el independentismo va a centrar --o descentrar-- el debate
. Tal vez ni tan siquiera sea abordada la grave hipótesis de una Catalunya independizada y ya fuera de la Unión Europea.

Mientras tanto, las élites de la Unión Europea van digiriendo los penúltimos bocados de la crisis iniciada en 2018 y lo que significa ser ajenos a los ejes de la geopolítica global.

En esta vertiente, hay dinámicas de sinergia, como por ejemplo que el presidente chino haya visitado Bruselas o que haya tenido lugar una nueva conferencia UE-Africa, con la presencia de 50 estados africanos en Bruselas. El sistema europeo puede servir de modelo en Asia, Africa y América del Sur.

Pero, por otro lado, el conflicto de Ucrania tiene en vilo tanto a la UE como a la OTAN, mientras los Estados Unidos se sitúan al pairo.

 
Lo que va a concentrar no pocos debates nacionales es la emergencia del nacional-populismo
Tantas decisiones de la Comisión, del Consejo Europeo o del BCE nos afectan directamente y sin embargo estaremos hablando de efectos anecdóticos. Quién sabe si un nuevo hallazgo de la juez Ayala va a ser el centro de esta campaña electoral.

A lo mejor tenía razón el maldito Richard Nixon cuando decía que toda política es política local.
Apabullante contraste con las teorizaciones sobre una política global.

Tendría su lógica debatir el desafío de la Europa post-crisis pero lo que va a concentrar no pocos debates nacionales es la emergencia del nacional-populismo.

De hecho, no existe un demos europeo, sino distintos y muy diversos electorados nacionales. Eso no tiene por qué ser un agravante, pero sí un obstáculo a la hora de lograr una célula madre para la opinión pública europea.

Incluso Grecia parece salirse a trancas y barrancas del tratamiento drástico que le administró la troika. Es decir: concertar estrategias económicas en la eurozona ha contribuido a paliar la crisis.

En paralelo, otro mundo entra en escena. Los países emergentes, extraños episodios de postguerra fría, el desplazamiento de tantas cosas hacia el Pacífico, nuevas estrategias energéticas.

Previsiblemente, de todo eso no va a hablarse en el maratón de las elecciones europeas. Ni de la tensión entre Norte y Sur. Ni de cómo Obama a su modo está ninguneando a la Unión Europea. No descartemos que el tema de esta campaña pueda ser un nuevo lifting de Belén Esteban.
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