Motos

Sin título

24 de marzo de 2009 (18:19 CET)

Al ver una Montesa, una Ossa o una Sanglas, a más de uno le acaricia una sensación inusual, una ráfaga fugaz de nostalgia que , a pesar de ser breve, da una muestra de vida y sensibilidad. Es extraño que una máquina aporte esto, pero es comprensible si con ella se consiguieron sueños, se obtuvo un poco de libertad, se contó con una herramienta bien hecha que sirvió fielmente.

Aquellos vehículos han cambiado de marca y prestaciones, son más seguros, rápidos y eficientes, gastan menos gasolina, son más baratos y ocupan menos espacio que los coches.
Ahora no se venden motos, sencillamente porqué no se compran. Desde principios de año la caída de las ventas llega al 60%. Unos cuantos meses más y la industria de la motocicleta en España fallecerá. Una actividad que ha ganado premios en carreras, en marcas y en pilotos. Una actividad competitiva que mejora sus modelos haciéndolos más eficientes y seguros, que exporta casi la mitad de los que produce y da trabajo directo a casi 4.000 personas y a unas 25.000 indirectamente. Son cifras importantes, pero pequeñas comparadas con las de la construcción o la producción de coches, donde el descenso del 20% dispara –y con razón- todas las alarmas.

A medida que la crisis se desata aparecen ayudas para actividades, se facilita la financiación,-tarde pero se hace-, se subvenciona la fabricación de algunas cosas. En estos casos, lo peor que le puede pasar a una actividad es ser pequeña y, por tanto, no tener la masa crítica necesaria para que las administraciones la pongan bajo su tutela o, simplemente para que se la escuche. Otro problema es que el producto es durable y, si las expectativas laborales son inciertas, el vehículo puede seguir prestando su servicio.

En Italia se ha aprobado un plan de renovación de vehículos (tipo plan prever) que ha cambiado la tendencia de la actividad y ha permitido recuperar las ventas y acercarlas a su nivel normal. En España podría pasar lo mismo y estimularía la renovación del parque facilitando la continuidad de la industria. El riesgo asociado a la inacción es el cese de la producción, la pérdida de puestos de trabajo y un aumento estable de las importaciones sin contrapartidas exportadoras.

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