Mediterráneo: un mar y 1001 destinos

13 de diciembre de 2012 (18:45 CET)

El turismo en el Mediterráneo resiste pese a los acontecimientos en ambas orillas, como la primavera árabe o la grave crisis económica en Europa, así como en otros mercados emisores. El sector a nivel mundial crecerá hasta un 4% en 2012, lo que representa, por primera vez en la historia, más de 1.000 millones de viajeros internacionales. Una cifra que alcanzará los 1.600 millones de viajeros en 2020. Y entre los 10 principales destinos a nivel mundial, se encuentran Francia, España, Italia, Turquía

La región mediterránea representa el mayor destino turístico mundial, atrayendo a cerca del 32% de las llegadas a nivel mundial, el 1/3 de los ingresos turísticos, el 20% de la capacidad de alojamiento, y el 12% del PIB total de la región. Y esta tendencia de crecimiento se mantendrá, según las previsiones sobre el futuro del sector. Pero en este espacio de contrastes, existen grandes diferencias y una distribución muy desigual de esta ventajosa posición: del total de turistas recibidos, el 75% lo ha hecho en el norte, es decir la Europa mediterránea, y solo el 25% en la orilla sur del continente africano.

El turismo es una de las actividades más pujantes en el mundo. Actualmente, representa entre el 12% y el 20% del PIB total, y supone un porcentaje similar en cuanto al empleo registrado. Es uno de los principales instrumentos para el desarrollo, tanto por su incidencia sobre la producción como en la ocupación, ya que es el creador de uno de cada diez empleos existentes en el mundo. Pero también destaca por su capacidad de arrastre como industria multiplicadora, ya que impacta en 70 sectores industriales y de servicios. Por ello, es la cuarta actividad por ingresos generados dentro del comercio internacional, tan sólo superada por la industria petrolera, química y la automoción.

Siempre ha actuado como poderoso catalizador social y elemento de cambio. Ha tenido una influencia directa en la nueva manera de entender la preservación del litoral mediterráneo y los espacios naturales. Está generando una nueva sensibilidad en torno al medio ambiente y el desarrollo sostenible. Y ha influido en otros factores como la dieta mediterránea y los hábitos saludables.

La región es la que mejor refleja a escala lo que representa el turismo y cuál es su impacto real en nuestras sociedades y modo de vida. Es difícil entender la sociedad mediterránea actual sin la presencia del fenómeno turístico.

Pero no todo el territorio comprendido en la región mediterránea articula el territorio con la evolución de las infraestructuras y los medios de transporte como los puertos y aeropuertos. Xavier Vives, un gran experto del sector, apunta que para el desarrollo de cualquier actividad económica hay que trabajar en un binomio indisociable: negocio y territorio.

También sabemos que, llevados por una excesiva presión urbanizadora, y amparados en los altos rendimientos que a corto plazo genera el sector inmobiliario, se puede estar condicionando la competitividad de espacios lúdicos, valores o recursos naturales, y poniendo en riesgo la capacidad de sus infraestructuras para garantizar los mayores empleos y una renta sostenible.

Por todo ello, es necesario implantar medidas dirigidas a consolidar el desarrollo del sector y enfrentarse a los retos actuales. Que ayude a incrementar la competitividad de las empresas, especialmente de las Pymes , un factor clave y de impacto. Además, son las que generan más empleo. A modo de ejemplo, se calcula que por cada 1 millón de euros invertido desde una Pyme, se crean 14,7 puestos de trabajo frente a los 3,1 que genera si la inversión de una gran empresa.

Esta primera gran industria mediterránea es una fuente de ingresos y un dinamizador del crecimiento. A pesar de la situación compleja, sigue siendo un motor de desarrollo, pero no se puede dormir y encerrarse en las mismas fronteras de siempre, cuando otras regiones del mundo se están despertando. Hay que sostener el desarrollo del sector y enfrentarse a los retos que en la actualidad tiene planteados, especialmente mejorar su capacidad de continuar atrayendo turistas, con el fin de afianzar la posición de liderazgo a nivel mundial.

Aunque que cada destino tenga sus prioridades y estrategias, deben trabajar juntos con un objetivo común para promover la región, a pesar de la complejidad de apostar por crear una marca común que impulse la complementariedad de las ofertas entre ambas orillas. Tal vez, el ejemplo que representa el crecimiento espectacular de los cruceros en el Mediterráneo nos indica un camino para ganar esta apuesta, de promover la sociedad y el modo de vida de la región a nivel global.
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