Mas y Pujol deberían reeditar el 'Ubú president' de Boadella

30 de julio de 2014 (00:00 CET)

Cuesta muchísimo entender que el actual presidente de la Generalitat, Artur Mas, continúe analizando la chorizada de su padre político como un caso “privado, personal y familiar”. En su comparecencia de ayer, Mas estaba sumamente nervioso. Lo supuraba su lenguaje gestual, pero es muy mala suerte que el hombre que ha querido convertirse en el nuevo Mesías del pueblo catalán haga unas evaluaciones de daños tan simples y desnortadas.
 
Ante ese misticismo que destilaba, no puede venir ahora Mas y decir que el tema de su mentor político es un tema privado, personal y familiar

Lo de Pujol y su clan ni es privado, ni personal, ni familiar. Situarlo en ese terreno para minimizar el shock que vive una parte amplia de la sociedad catalana es persistir en la mentira de un nacionalismo ramplón y para nada racional. Mas podía haber añadido que el ex presidente se ha confesado en la abadía de Montserrat y que ha recibido la absolución. Hubiera sido una forma coherente de cerrar su comparecencia de ayer.

Quienes por razones de edad pudimos ver el Ubú president de Albert Boadella no podemos dejar de recordar que la caricatura del Els Joglars se parece tanto a la realidad que incluso habría que pedirle al director teatral una versión remozada de aquella comedia que incluyera el infausto final de ese político que nos impartió doctrina desde cualquier púlpito al que tuviera acceso. Tanto daba que fuera en un pequeño pueblo de una comarca de Lleida como en un encuentro empresarial. Podía predicar sobre valores empresariales y ética de las organizaciones con una soltura que dejaba anonadados a quienes habían asistido. Su habilidad era tal que podía explicarle al peluquero del pueblo cualquier anécdota sobre la historia local.

Hoy, Pujol es un personaje amortizado, que deberá finalizar el resto de sus días fuera de Catalunya. Es más, incluso fuera de España. Todos sus próximos son conscientes del berenjenal en el que se ha situado. Nadie, por más defensor que fuera de sus tesis, acepta de buen grado la deslealtad confesada. Por eso, ante ese misticismo que destilaba, no puede venir ahora Mas y decir que el tema de su mentor político es un tema “privado, personal y familiar”. Eso sólo lo puede decir alguien que piensa moralmente exactamente igual que el antiguo presidente y que piensa que la única diferencia es que a uno lo han pillado y a él, en cambio, no lo conseguirán. Seguro.
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