Mas no puede negociar la financiación autonómica

16 de abril de 2015 (00:00 CET)

Llega el PP a Barcelona y quiere seguir actuando como si durante tres años no hubiese pasado nada en Cataluña. Se equivocan, las fuerzas de derecha que durante décadas fueron su representación en el territorio, enloquecieron en una buena parte y se lanzaron al monte del independentismo.

Antes, claro, se cargaron de razones: que si Madrid robaba, que si incumplía sus compromisos, que si los déficits fiscales (que no eran al final tanto), que si el Estado español era más corrupto e inservible que las inmaculadas instituciones catalanas, que si la abuela fuma…

Es obvio que en plena crisis a Artur Mas le resultaba difícil gobernar (eso era para un político de altura) una autonomía que dejó de recaudar tras pinchar el boom inmobiliario y que debía atender los compromisos de deuda, algunos alegres en exceso, del tripartito y su consejero áulico Antoni Castells.

Mas pidió a Mariano Rajoy un pacto fiscal y se le respondió que no era el momento. A partir de entonces mutó en un engendro político diferente. Hasta hoy.

El mensaje bienintencionado que Luis de Guindos ha trasladado estos días en Barcelona a los emisarios de Mas es sencillo: ha llegado el momento de empezar a negociar. Esa música le suena bien al PP catalán y a una parte de CiU. La derecha ha tenido siempre una especial facilidad para entenderse, bien fuera hablando catalán en la intimidad o ejerciendo de español del año.

Pero no. Mas no puede negociar una nueva financiación. Incluso quienes hemos pedido su dimisión de forma reiterada podemos asegurar que su misión es otra. Debe llevar al país a unas elecciones y que sean los ciudadanos quienes decidan con un nuevo Parlament qué hay que negociar, con quién y, en último caso, si la propuesta de Madrid no le sirve a un país que aspire a su independencia.

El presidente de la Generalitat está deslegitimado para cualquier cosa que no sea guiar al país hasta ese horizonte electoral, sin demoras y cumpliendo su palabra, al menos una vez. Alguien que ha criticado hasta la saciedad el Estado en el que vive no puede intentar cambiarlo desde dentro, por coherencia.

Rajoy dijo que bajaría los impuestos y los subió. Mas vendió que propiciaría una mejora económica gracias a un pacto fiscal con el Estado y acabó apoyando la ruptura con su negociador. Ninguno de los dos son los reyes de la credibilidad. Es de cajón, por tanto, que la relación administrativa entre Cataluña-España deben dirigirla otros líderes. Los actuales no sirven, ni uno, ni otro.

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