Mas, Mortadelo y Filemón

05 de diciembre de 2013 (00:00 CET)

Que Artur Mas y sus chicos (Felip Puig, Germà Gordó…) pudieran pensar que lo que le falta a Catalunya es una agencia de espionaje e inteligencia es un insulto al colectivo ciudadano.

A Catalunya le falta educación diferencial, donde lo público prevalezca sobre su modelo de escuela concertada. A Catalunya le falta una sanidad en la que se reduzcan las listas de espera, se reabran quirófanos y la atención al paciente esté a la altura de los países más desarrollados de la Unión Europea.

A la Catalunya que gobiernan estos aprendices de gobernantes les convendría también una política industrial, que no esté al libre albedrío de un consejero como Puig ni que se permita lanzar dos años por los aires con otro como Francesc Xavier Mena.

 
La agencia de inteligencia catalana sería necesaria, sobre todo, para algunos políticos y su coeficiente personal

A la Catalunya en la que vivimos, de la que algunos se sienten profundamente satisfechos sólo por mero sentimiento, le faltan unos servicios públicos que sean la envidia del resto de España. Además eso es independiente de cuál sea el origen del dinero, propio o ajeno. Y, sobre todo, a la Catalunya que habitamos le convendría poseer unos gobernantes de los que sentirse orgullosos porque sean capaces de conectar con las realidades ciertas, verídicas, las de la calle, de una sociedad que muchas veces se manifiesta en virtud de su hartazgo y no de cuestiones sólo identitarias. El PSC y C’s han denunciado los intentos del Ejecutivo catalán para construir un sistema propio de inteligencia, y seguro que haría falta pero sobre todo para mejorar los coeficientes personales de algunos de sus impulsores.

Que a Mas, a Puig, Gordó y Xavier Martorell se les pudiera ocurrir la necesidad de controlar una especie de sucedáneo del CNI en Catalunya es para llorar durante horas. Porque seguro que lo más próximo que son capaces de hacer, a la vista de su bulímica visión política, es la TIA, aquella agencia de inteligencia y espionaje imaginario que se inventó Francisco Ibáñez y cuyos protagonistas eran los esperpénticos agentes Mortadelo y Filemón.
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