Más europeos: la interconexión con Francia

Rafael Suñol

22 de febrero de 2015 (20:56 CET)

El pasado viernes, los gobiernos francés y español pudieron, finalmente, activar la interconexión eléctrica desde el Alt Empordà y el Rosellón. Han pasado siete años desde la firma del proyecto. Es, por supuesto, un gran hito. No tan sólo por la envergadura económica y técnica de la obra, sino, y particularmente, por lo que representa en colaboración europea entre ejecutivos de distinto signo político tanto en la decisión inicial como en la conclusión.

La historia de esta infraestructura ha sido complicada. Francia y España tienen intereses distintos en el ámbito energético, y en el campo del transporte eléctrico es básico poder vender y comprar cuando se tienen excedentes o déficit debido a las condiciones climatológicas o a la demanda interna, en especial en mercados liberalizados. España, dado su posición geográfica, tenía mucha necesidad de interconexión con Francia y ésta mucho menos que España. Además, nuestro país tiene sobrecapacidad de producción --no se puede decir lo mismo en distribución-- al poner en el mercado energía eólica y solar, a precios cada vez más competitivos.

Para España, por tanto, es básica esta interconexión. Más crucial será, sin embargo, la del golfo de Vizcaya, aunque de momento sólo consigue una potencia de 2800 Mw, el doble de la actual, 6% del total producido. Francia no está tan acuciada y además se tiene que enfrentar a los movimientos ecologistas del sur. Sus movimientos son más lentos. Aunque ahora este tipo de infraestructuras son prioritarias.

La interconexión y su gestión es un buen indicador de que España es un país moderno e integrado en Europa


Una línea como de la que estamos hablando es compleja tecnológicamente y frustrante en todos los trámites, que se hacen interminables. Y hay que gestionarla bien. La línea hubiera costado quizá aproximadamente la mitad si no se hubiera tenido que construir un túnel de ocho kilómetros bajo los Pirineos. Este es el suplemento que se apagado por intentar contentar a los movimientos contrarios a la llamada MAT (muy alta tensión).

El compromiso lo arbitro el ex comisario y ex primer ministro italiano Mario Monti. La mitad de los fondos son comunitarios. Todo ello con independencia del reto tecnológico que supone convertir de alterna a continua la corriente eléctrica en un subterráneo de ocho kilómetros. Indudablemente, hay muy pocas infraestructuras tan claramente beneficiosas para la sociedad en su conjunto. Mejora la calidad del servicio en especial para las comarcas gerundenses --que se hallan en la antena con respecto a España--, se alimenta el TAV-AVE, el sistema eléctrico es más estable, se abarata el intercambio y se facilitan los desarrollos de energías renovables.

Entonces, ¿por qué ha costado tanto, en tiempo y recursos realizar la obra? La negociación con el territorio, con sus habitantes, propietarios y administraciones siempre es difícil. Nadie quiere que en "su patio" le edifiquen una torre de 50 metros. Es lógico, pero para proyectos de especial relevancia e impacto está la ley: declaración de interés público y expropiación forzosa son fundamentales, pero no suficientes. Hay que pagar un justiprecio, siempre discutible y ser sensibles a las especiales características de cada "pedazo" de territorio. Es imprescindible una negociación inteligente que conjugue el coste de la implementación con los beneficios futuros que se van a obtener.

En este sentido Red Eléctrica (REE), el transportista español, ha sabido desempeñar un papel fundamental. Su amplia experiencia en construir líneas, siempre en territorios difíciles, le ha capacitado --no sin conflictos serios-- para terminar con éxito el proyecto Sentmenat-Bescano-Santa Llogaia-Baixas. La negociación con los alcaldes ha sido básica. Éstos en las comarcas de Girona son autónomos. Están menos sujetos a las directrices de sus partidos y, en consecuencia, pueden negociar con cierta libertad.

Y si el proyecto es razonable, se puede explicar y negociar hasta cierto punto, tardará más o menos, pero al final se llevará a término. Aprendamos. Porque la gestión de las infraestructuras en el territorio es un buen indicador de que somos un país moderno y que estamos integrados en Europa.
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