Mariló Dancausa: La banquera de la España pía

19 de abril de 2014 (16:47 CET)

María Dolores (Mariló) Dancausa, la consejera delegada de Bankinter, triunfa en un país de bancos mediocres y engominados misóginos. Gravita sobre el colofón de los grandes y acaba de recibir el premio de la Asociación Española de Directivos (AED). Sus números son tan buenos que han impresionado a los benefactores del Banco de Pagos de Basilea, el regulador. Mariló se come el mundo mientras que el dueño y ex presidente de Bankinter, Jaime Botín, navega sobre catamaranes veloces en los confines del Índico o en la inmensidad del Pacífico. Botín, el hermano de Emilio presidente del Santander, es filósofo y patrón de yate. Vive montado en la cubierta de su velero, Adix, mientras disfruta de la inhabilitación, el placer supremo de los emboscados.

Cuando la deflación tapona los desagües del dinero, Dancausa acude a la inspiración divina. Se llevó a su equipo al camino de Santiago. La ruta del apóstol es un periplo iniciático a medio camino entre el alma y el bolsillo que, al parecer, suele funcionar como un bálsamo para los ejecutivos estresados. Por lo visto, une más el esfuerzo compartido atravesando vaguadas y remontes que las jornadas de encierro maratoniano en un hotel de campanillas. Mariló sabe lo que se hace. Es proclive a la obra de San Josemaría, pero se identifica con la escuela moderna de la prelatura. La de los no dogmáticos y nada exagerados. La mujer fuerte de Bankinter no deja de ser una dama de rompe y rasga. Aunque creyente a machamartillo, no es una señora de capillitas y estampitas. Dancausa da la talla. Ella es de los de “a Dios rogando pero con el mazo dando”, el ora et labora de la España pía.

Jaime Botín, el hermano díscolo de la saga de Pedeña, le traspasó la presidencia ejecutiva de Bankinter a su hijo Alfonso Botín y nombró a Pedro Guerrero como chairman no ejecutivo. La espantada de Jaime tiene que ver con sus pleitos con la Comisión Nacional del Mercado de Valores, que lo acusa de haber mantenido escondido un 8% del capital del banco en un depósito opaco de Suiza. En los últimos años, los Botín se han esforzado por mantenerse como los primeros accionistas de Bankinter, primero en una pugna con el inversor asiático Ram Bhavnani y después frente a la entidad francesa Crédit Agricole. La familia de la cornisa cantábrica se ha parapetado tras un segundo plano y ha dejado la gestión en manos de Mariló.

Pero más allá de los tejemanejes accionariales de los Botín en su segunda marca, lo cierto es que Bankinter tiene una solvencia envidiable. Ha obtenido beneficios recurrentes en el último lustro, el de la Gran Depresión. Bankinter no es un mata-clientes como Bankia o como la antigua Caja de Castilla-La Mancha. Bankinter es un banco vivo. Su timonel, Dancausa, fruto maduro del San Pablo CEU, de la Harvard Business y del Insead de Fontainebleau, desempeña el cargo de consejera delegada desde 2010. Anteriormente ascendió por méritos indiscutibles en Línea Directa, una división de la misma entidad. El premio de la poderosa Asociación de Directivos no es su primer galardón. Ya ganó una distinción de Forbes como la mejor directiva de las empresas que componen el Ibex 35.

Sus hipotecas son decentes, sin cláusulas suelo ni otros abusos. Apenas ha tenido que comerse ladrillos en su balance, porque no entró en la vorágine del crédito promotor que se ha llevado por delante a medio sector. Pero, en tiempos revueltos, la contrapartida de la salud son los bajos márgenes del negocio. Mariló tomó posesión del cargo para relevar a Jaime Echegoyen (ejecutivo de Barclays España), precisamente por el descenso de la tasa de retorno. Los bancos están sedientos de dinero fresco. Todos esperaban la inminente subida de los tipos de interés, pero el Banco Central Europeo ha mostrado la mano expansiva de su presidente. Mario Draghi comprará Deuda a los estados miembros e incrementará la oferta monetaria. Los tipos seguirán siendo bajos y los márgenes angostos, al menos a medio plazo. Un escenario en el que solo aguantan los fuertes, entre ellos, Mariló, la banquera devota.
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