Malas noticias para la economía

02 de octubre de 2014 (19:28 CET)

Hace pocos días el Presidente del Banco Central Europeo, el italiano Mario Draghi, ordenaba reducir los tipos de interés hasta el 0,05%.

A los iniciados en temas de economía les puede parecer extraño, pero no lo es. Como muchos ya saben cuando los tipos de interés bajan, se reduce el efecto expulsión, y por lo tanto, las empresas invierten más porque pueden afrontar más proyectos de inversión y a menor coste.

Pero cuando los tipos de interés se sitúan muy cercanos a cero, la economía cae en una trampa. Esta trampa se llama la trampa de la liquidez. Además, los bancos siguen reduciendo su exposición al crédito (como han hecho desde 2007 hasta hoy).

Pero el movimiento del Banco Central Europeo (BCE) se debe básicamente a los malos resultados económicos de Alemania y de Francia. Y ya se sabe que cuando Alemania tiene un resfriado y Francia estornuda, España acaba en la UCI.

Así, a pesar de que los esfuerzos del Sr. Draghi por intentar estimular el crédito, haciendo que los bancos pierdan dinero cuando depositan su dinero en el BCE, la realidad nos demuestra que Europa sigue enferma y que las recetas de la Dra. Merkel no nos divisan una recuperación inmediata.

Y esto es lo que ha pasado últimamente con los tipos de interés del BCE que han bajado al 0,05%. Justo ahora que el presidente del gobierno español nos estaba haciendo creer que la economía se empezaba a recuperar, el señor Draghi nos amarga el final de verano con una noticia así.

Utilizando un símil naval, conozco dos tipos de capitanes: Aquellos que mantienen el rumbo sin esperar que las corrientes les sean favorables y los que siguen las corrientes a pesar de que el rumbo les lleve a saber dónde.

No soy capaz de decir cuáles son mejores capitanes. Sólo sé que los primeros son valientes, audaces y a pesar de que acaben estrellando el barco contra las rocas, merecen todo mi respeto y admiración.

Los que llevamos cinco años apostando por un cambio de modelo económico, basado en el conocimiento (no en la información privilegiada), en la industria productiva (no en la especulación inmobiliaria), en unas administraciones orientadas al cliente (no en la administración clientelar), en un sistema financiero facilitador de crédito (no que lo utilice para acreditar su solvencia), en un mercado de trabajo igualitario (no descompensado hacia quienes ya tienen trabajo), los que creemos en todo esto, estamos tristes.

La realidad nos sigue dando la razón y hay que hacer algo para cambiarla. No podemos esperar que Alemania y Francia nos arrastren hacia el crecimiento. Tenemos que hacer algo para cambiar nuestro modelo económico y aumentar nuestra productividad. Los que esperan un crecimiento por simple arrastre, que se vayan preparando porque quizás se queden por el camino.
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