Madrid sufre y se debilita

10 de noviembre de 2013 (19:29 CET)

En la polémica económico-política sobre el modo de desarrollo aplicado en la Comunidad de Madrid respecto del de Catalunya, parece, por los últimos datos disponibles, que Madrid está sufriendo los impactos de la crisis relativamente más que Catalunya. Algunos hechos avalan esta apreciación. El primero es el fuerte impacto psicológico negativo que supuso la pérdida de los Juegos Olímpicos. Se trataba en mayor medida de un golpe a la moral colectiva, de la frustación de expectativas respecto de lo publicitado, de perder el tren de las ciudades olímpicas, de las que forma parte Barcelona.

El estrepitoso fracaso (perder en la primera votación) no es tanto un problema económico como de autoestima, de contar en el mundo. Hubiera sido solamente un mal paso, o una anécdota. Lo peor es la fuerte caída del turismo en la capital en el mejor año del turismo en España. La crisis de Iberia, con fuerte reducción de actividad, y la "capitalización" del aeropuerto de Barcelona por Vueling, gracias a la desaparición de Spanair, son otro factor de comparación demasiado llamativo. La T4 medio vacía frente al importante incremento de tráfico del Aeropuerto de Barcelona, acentúan que el "modelo Madrid" de protección de Iberia frente a la competencia no ha funcionado.

El presidente de la Comunidad de Madrid, en su campaña por bajar impuestos, asigna la caída del tráfico al aumento de las tasas aeroportuarias, como si éstas sólo las soportara su Comunidad. Turismo, tasas, Iberia .....T4, demasiado para hacerlo recaer a una coyuntura de crisis. Si añadimos el distinto comportamiento de Ifema y la Fira, completaríamos el cuadro.

La Fira, con su modelo de gestión público-privado, se ha impuesto al dirigista y controlado por la Comunidad. La obtención por Barcelona de la Mobile World Capital ha sido la puntilla. Una trayectoria, la de la Fira, que salió en la carrera de las ferias rezagada, pero con la gestión de José Luis Bonet y Agustí Cordón (por el camino que les abrió Jaume Tomás), ha sobrepasado con creces a Ifema.

En otro orden de cosas, otro fiasco han sido las cuatro autopistas radiales, que han entrado en concurso de acreedores, presionadas por una deuda conjunta de 1.500 millones de euros y una caída del tráfico que supera el 48% desde 2007. Una vez constatado que no hay tráfico suficiente el modelo preveía la asunción de las mismas por el sector público, al estilo de la antigua Empresa Nacional de Autopistas, como en tiempos del INI. Se está buscando una solución menos fea, pero se ha evidenciado que el sistema de adjudicación (en este caso peaje en la sombra) no incentivó la mejor inversión.

Otro fracaso es la situación en que se encuentra Endesa. La que fue la primera compañía eléctrica española, antes de su privatización y antes de que Ignacio Sánchez Galán tomara las riendas de Iberdrola, languidece. Los italianos de ENEL, que controlan la compañía, sufren la caída de la demanda de electricidad en España (-12%), y el impacto regulatorio del Gobierno (-868 millones de euros). Por ello reducen las inversiones en España (-31%). Y, lo que es más preocupante van desmantelando sus oficinas para trasladar servicios corporativos a Italia. Ya se sabe, concentremos y obtendremos  economías de escala.

La que fue una compañía excelente, que realizó unas magníficas compras en Latinoamérica, de las que todavía obtiene el 50% del Ebitda, por una privatización mal enfocada ha dejado de ser relevante en España, con lo que representa de creación de empleo de calidad, y de subcontratación nacional. Una de las consecuencias del efecto sede.

Por si alguien no lo recuerda, las radiales y la privatización de Endesa son de la época de Aznar. Y finalmente, Ignacio González, presidente de la Comunidad de Madrid, ha decidido bajar los impuestos a sus ciudadanos-contribuyentes. Sin esperar a que el Gobierno Central le "arregle" el sistema de financiación autonómica, lanza la consigna política de que para que la actividad económica se recupere es necesario que los sus ciudadanos paguen menos, independientemente del déficit público, de la competencia fiscal entre autonomías, de los más de 7.000 millones de deuda de la ciudad de Madrid.

Al más puro estilo Chicago (de la Escuela, no la de los años de la ley seca, no se asusten). Se trata de crear la   percepción de que Madrid es más atractiva para invertir que Barcelona, por todos sus problemas de "identidad". En Catalunya se paga el IRPF más alto de España, mientras en Madrid no hay impuesto de Sucesiones y, además, se  bajan los impuestos.

Toda una competición fiscal. Y el ministro Montoro, mirando hacia otra parte.
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