Los valores de Fainé y la independencia de Catalunya

04 de febrero de 2014 (00:00 CET)

Con su hierático y peculiar estilo, Isidro Fainé se pronunció el pasado viernes sobre el tema político de los tiempos. El presidente de La Caixa lo hizo en la presentación anual de resultados y sin mostrar una especial intranquilidad: “Recientemente ya dije que es necesario un gran acuerdo para Catalunya y para España. Estoy convencido de ello. Confío plenamente en la capacidad de diálogo de los líderes políticos y de buscar lo mejor para el conjunto de los ciudadanos dentro del marco de la ley, y como estas cosas se pueden dar, no contemplo ninguna otra cosa”.

Acuerdo, diálogo y ley. Se podrá decir más alto, pero no más claro. La apuesta del mayor agente económico catalán por esos tres valores es clara, diáfana.

Su problema estriba en que donde se hallan las posibilidades de acuerdo, los movimientos de diálogo y el respeto a la ley son senderos hoy muy complejos. O, incluso, sin que los líderes políticos a los que se refirió tengan tan presentes esos valores democráticos como en otros tiempos. Incluso aunque varios se duchen cada mañana apelando a su eventual y supuesta radicalidad democrática. Y ahí radica el vía crucis de la situación.

 
La tranquilidad con que se pronunció el presidente de La Caixa sobre el tema catalán es una reivindicación de la política

La Caixa necesita mejorar su balance después del atracón de Banca Cívica y de Banco de Valencia. Se ha convertido en el primer banco en España y sea por número de nóminas, tarjetas, créditos o cualquier otra variable esa posición es indiscutible en el mercado. Pero el tamaño, que es un activo cuando el músculo importa, también es una debilidad.

La entidad que dirige Fainé no podría soportar un divorcio entre Catalunya y España del que cada vez se habla más
. Hay quien añade que ni La Caixa estaría en condiciones de hacer frente a una eventual independencia ni las economías española y catalana serían capaces de sobreponerse sin desangrarse previamente.

Por eso, y más allá del falso debate sobre las balanzas fiscales que preside el pim, pam, pum, fuego de la politiquería, la tranquilidad con la que Fainé se pronunció el viernes es un síntoma de que los más poderosos y agudos del lugar están seguros de la necesidad de recuperar la política con mayúsculas para salir del actual atolladero al que hemos sido conducidos en los últimos dos años.

Me comprometí a explicárselo y fue así: su rostro no parecía especialmente contrariado al referirse a la cuestión. Vamos, que produce mucho más alivio que determinadas palabras de Mariano Rajoy o de Artur Mas en las últimas horas.
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