Los retos en la quinta fase (y 2)

28 de noviembre de 2013 (18:01 CET)

Una vez superada la cuarta fase de la crisis, la economía española debe enfrentar en la quinta fase el crecimiento sostenido de la actividad. Pero el punto de partida no es el adecuado debido a las claras insuficiencias de los planes de estabilización anteriores. Resulta muy difícil iniciar un período de crecimiento sostenido partiendo de niveles mínimos simultáneos del ahorro de las familias y del ahorro público. Por ello, resulta imprescindible corregir estas insuficiencias. Es necesario reducir el tamaño del sector público. El plan plurianual para abordar este objetivo debe ser explicado con mayor detalle y resulta imprescindible dotarlo de credibilidad.

Hay que aumentar el ahorro público disminuyendo el gasto corriente. Esa es la vía para revertir las erróneas subidas impositivas que han liquidado del ahorro de las familias. El objetivo es por tanto doble y complicado: un plan plurianual que aumente el ahorro público y que permita la recuperación del ahorro de las familias. Sin ello, resulta poco probable que la recuperación de la actividad que ahora se inicia pueda ser sostenida en el tiempo.

No se puede olvidar que existe una diferencia notable entre la recuperación actual y la de 2010. Entonces la tasa de ahorro de las familias se había duplicado desde el inicio de la crisis. Ello constituyó un factor de impulso de la recuperación en 2010. Pero la situación ahora es bien diferente, lo que cuestiona que el gasto de las familias pueda ser un factor de sostenibilidad de la recuperación. Los factores de soporte deben ser la demanda externa y la inversión.

Cuando comenzó la crisis, la inversión era el 31% del PIB y ahora sólo supone el 18,8%, un nivel mínimo en muchos años. Para que la recuperación sea sostenible es preciso que la inversión recupere un nivel intermedio del 25% del PIB. Pero para que la inversión aumente seis o siete puntos del PIB resulta necesario que el ahorro aumente en una magnitud mayor, dado que las familias deben desapalancarse. En caso contrario, la inversión sólo podría aumentar con ahorro externo. Y suponiendo que ello fuera posible, implicaría volver de nuevo a un déficit por cuenta corriente.

Por tanto las necesidades son claras. Primero, plan plurianual que suponga una consolidación fiscal virtuosa, reduciendo el gasto no productivo, con el consiguiente aumento del ahorro público. Segundo, reversión de las subidas impositivas a familias y empresas que permitan la rápida recuperación del ahorro familiar, impulsen el desapalancamiento del sector privado y creen un clima favorable a los proyectos de inversión. Esta es la forma de que la inversión se pueda financiar y constituir el factor de soporte de la recuperación.

Aun superando las insuficiencias de la estabilización española, deberán afrontarse en la fase que ahora comienza los problemas para que la economía pueda crecer de forma sostenida en el medio plazo. Entre estos problemas destacan cuatro. En primer lugar, el excesivo endeudamiento de la economía española. La Posición Internacional de Inversión Neta, es decir el valor de los activos españoles en el resto del mundo menos el de los activos del resto del mundo en España, se sitúa en el -93,4% del PIB. Para reducir este elevado nivel de endeudamiento será necesario mantener persistentes superávit por cuenta corriente. La implicación es que una parte del ahorro español se deberá destinar a reducir endeudamiento con el exterior y no a la inversión.

En segundo lugar, el cambio demográfico. Las recientes proyecciones demográficas para la próxima década son muy preocupantes. A partir de 2017, el saldo vegetativo será negativo. Ello es consecuencia de que en la próxima década nacerán sólo 3,9 millones de niños, a pesar de que la tasa de fecundidad se elevará hasta 1,41 desde el 1,34 actual. El número de nacimientos será inferior el 17,1% al de la década pasada. La población se reducirá en 2,6 millones de personas. Pero la composición de este cambio es espeluznante. La población en edad de trabajar disminuirá en 3,2 millones, el 10,4%. Los menores se reducirán en 0,8 millones, el 11,3%. Mientras que la población mayor de 65 años aumentará en 1,4 millones, el 17,4%. Este envejecimiento de la población supone un grave problema para el potencial de crecimiento de la economía. No puede continuar demasiado tiempo el saldo migratorio negativo y la tasa de actividad deberá aumentar significativamente.

El tercer grave problema son las instituciones. Como han mostrado Daron Acemoglu y James A. Robinson en Por qué fracasan los países (Deusto, 2012), el bienestar y el crecimiento no son independientes de la calidad de las instituciones de las economías. En este sentido, a España le queda mucho por hacer. El diseño de la Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal es un buen ejemplo de lo que no puede ser. Sin las instituciones inclusivas adecuadas no será posible un período de crecimiento sostenido que aumente el bienestar social.

El último grave problema es la educación. Una proporción muy relevante de los trabajadores que han perdido su puesto de trabajo en esta crisis tienen un nivel educativo insuficiente y requieren formación. Este es el verdadero reto al que debemos hacer frente. No es posible aceptar que la crisis termine suponiendo toda una generación perdida. El gran reto es el capital humano. La evidencia muestra que, en promedio, por cada año adicional de educación, el salario real aumenta el 10%. Esta es la única vía para aumentar el bienestar de todos. Y debería ser el gran objetivo de la economía y de la sociedad española.


David Taguas es Director del Instituto de Macroeconomía y Finanzas. Universidad Camilo José Cela
Suscribir a boletines

Al suscribirte confirmas nuestra política de privacidad