Los retos de Josep Oliu para 2015 (3)

24 de diciembre de 2014 (00:00 CET)

El presidente del Sabadell pretende darle una dimensión internacional a su banco que compense la dura competencia del sector financiero nacional con BBVA, el Santander y Caixabank compitiendo. Aunque Josep Oliu ha conseguido dimensión para la entidad que pilota, la vulnerabilidad de su posición en el mercado local es todavía un asunto pendiente de corregir.

Por esa razón trabaja en nuevas oficinas en Colombia y Perú y en la conversión en sucursales de sus agencias en Singapur y Polonia. Durante el último año incluso se ha comprado JGB Bank, en Miami, para seguir con esa progresión internacional que le otorgue una pátina de empresa global distinta a la que proyecta una marca que lleva en su frontispicio a la capital del Vallès.

Oliu no está de acuerdo con los movimientos soberanistas de la política catalana. Tanto él como algún otro empresario catalán de primer nivel han trabajado en la trastienda para evitar que la cosa fuera a mayores. Sin éxito, hay que decirlo. Se trata, por tanto, de uno de los retos que mantendrá para el próximo año: ser profeta en su tierra y lograr que el flan nacionalista reduzca su tamaño en el horno de la política española. "Siempre seremos un banco ético –-dijo recientemente-–, y la ética no consiste ni en hacer política ni en hacer justicia".

Oliu no está de acuerdo con los movimientos soberanistas de la política catalana


Su consejo de administración y sus accionistas de referencia son todo un reto para el próximo año. ¡Cuánto daríamos por conocer los términos exactos de la conversación que mantuvo con Carles Vilarrubí (esposo de Sol Daurella) cuando la dueña de Coca-Cola en España le hizo la jugarreta de salirse del banco por la puerta falsa! Oliu no es un tipo que se calle, como buen minesoto. Quienes han gozado de formación tan elitista llevan muy mal que alguien les levante la camisa hasta encima del ombligo y les sea infiel con el principal competidor. Las formas, siempre las formas...

Tan cierto como que los apellidos Daurella, Andic, Folch Rusiñol, Lara..., todos ellos accionistas de referencia del banco catalán, están moscas con la cotización de la acción. Entraron en el capital comprando con créditos que se les han encarecido por la disminución del valor de los títulos. Quisieron ser banqueros un poco antes de que se concretara la crisis y ahora son banqueros con minusvalías. Oliu, piensan algunos, debería hacer algo con urgencia y celeridad para recuperar la cotización de las acciones.

Sobre todo, ese es el asunto, porque algunos no hubieran seguido en el capital o en los órganos de gobierno del grupo financiero si hubieran podido vender sus títulos con ganancias del capital. Fidelidad relativa, podríamos decir.

A la necesidad de adquirir dimensión internacional y músculo de balance para cumplir con los requerimientos de la nueva autoridad bancaria europea, Oliu sumará el 2015 la necesidad de adecuar su consejo a la nueva realidad accionarial. Y, por supuesto, a la petición soterrada, discreta y poco evidente de sus accionistas, de darle valor a la acción.

Todos son elegantes caballeros y nadie se pronuncia públicamente sobre ese asunto, pero el líder del Sabadell sabe que necesita darles una solución a la par que él busca alternativas para suplir a aquellos empresarios catalanes que un día dijeron apostar por un banco catalán. El tema geográfico se ha puesto muy complejo y el del dinero, con la crisis de por medio, todavía más. No le resultará imposible, pero no lo tiene fácil.

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