Los números de Mas-Colell, bajo el cielo de Sión

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18 de mayo de 2012 (12:46 CET)

La quiebra del sector financiero y la amenaza de intervención (de Bruselas o de Madrid) pinzan las cuentas públicas catalanas. A un lado, el ultimátum de Guindos al Eurogrupo y en el otro extremo, el aspaviento amenazante de Montoro, desde la cima de la Hacienda Pública, blandiendo su coercitiva ley de estabilidad presupuestaria. Y, justo en medio, en el fiel de la balanza, Andreu Mas-Colell, un consejero de Economía montado en el destello de su perfil académico.

Éste es el mapa actual del tercer plan de ajuste catalán (otros 1.500 millones menos) confirmada la recesión (caída del 0,1% en el primer trimestre) y agravada por el agujero de la banca y por el sainete envolvente de las autonomías díscolas, resumidas en el descalabro de Valencia, el fulanismo de Cascos en el Principado de Asturias o el desviacionismo dégoutant de la Junta de Andalucía.

Hacer números y refinanciar bonos patrióticos no es tarea fácil. Pero, al profesor emérito de la Harvard de Masachussetts no le tiembla el pulso ni le faltan las ideas, aunque no siempre le acompañe el don de la palabra. Ejerció la docencia en Berkeley entre 1972 y 1981 y cuando llegó a Harvard, su despacho compartía el pasadizo con seniors contrastados, como Lesther Thurow o Modigliani.

En aquellos años escribió Microeconomic Theory con Michael Whinston y Jerry Green, un manual de referencia que figura en las hemerotecas científicas junto a sus trabajos en torno al equilibrio general inspirados en Leon Walras. Presidió la Econometric Society y fue editor de la revista Econometrica, la más influyente en su especialidad, junto a la American Economic Review.

A su regreso, en 1995, Mas-Colell se instaló junto a su esposa Esther Silvernstein, en un piso de la izquierda del Eixample, que había pertenecido a sus padres y adquirió una casa antigua (profusamente rehabilitada después) en el corazón del barrio judío, el Call, de Barcelona, a pocos metros de la pared oeste del Palau de la Generalitat.

Optó por vivir muellemente bajo el manto de Jordi Pujol y, paralelamente, se hizo fuerte en la Pompeu Fabra. Retomó el pulso de la Catalunya de espíritu judío que huele a Emerson y a Carlyle; un país reforzado en su identidad pero enrocado en el redicho cosmopolitismo y envuelto en un mar de merengue intelectual.

Mas-Colell reforzó el núcleo profesoral de la Pompeu promocionando a figuras como Sala Martín o Jordi Galí y diseñó con sigilo, junto a Salvador Barberà, un eslabón académico de enorme calado: la Graduate School of Economics (BGSE), que hoy preside Ramón Marimón y que cuenta con un elenco de premios Nobel, como Robert Lucas, James A. Mirrlees, Edward C. Prescott, Orley Ashenfelter, o Jacques Drèze.

A su dimensión de sabio, el consejero de Economía añade una extraña paciencia de cazador. Amaga hoy ante el estruendo estólido de Montoro igual que hace unos meses se fajó con Salgado, la vicepresidenta del último Gobierno sedicentemente progresista de Zapatero. Pero donde el profesor echa el resto es ante los grandes inversores, al estilo de Sheldon Adelson, el dueño de las Vegas Sands con el que Mas-Colell se entrevistó el pasado mes de noviembre para allanar el aterrizaje de Eurovegas, con un desembolso de entre 15.000 y 20.000 millones de euros y capacidad para crear 150.000 empleos de una tacada.

Aunque el proyecto respaldado por Cuatrecasas y PricewaterhouseCoopers se encuentra ahora en vía muerta, queda claro que el judío más rico del planeta quiso tentar a Mas-Colell y casi consiguió embrujar a Santiago Fisas, consejero de la Comunidad de Madrid y ex miembro de la Junta de Fomento del Trabajo Nacional. Jugando al todo o nada, Adelson mantuvo no hace tanto una segunda ronda catalana en la que, además de Mas-Colell y del president Artur Mas, participaron Lluis Recoder e Isaak Andik, el patrón de Mango, nacido frente al Bósforo y criado en la minoría sefardí de la Anatolia.

La intención del millonario de Las Vegas consiste en descolocar. Se atrevió incluso con el mismísimo Ehud Olmert, el ex primer ministro israelí laminado por Benjamín Netanyahu gracias a las aportaciones dinerarias de este hombre de negocios agresivo, que hubiese hecho las delicias del Irgún.

Mas-Colell desconfía de la interinidad pedigüeña del dinero fácil. Recientemente se ha medido con argumentos de fondo en favor de la industria y los servicios frente a quienes defienden, como única vía, la implantación del macro proyecto turístico-lúdico con la misma naturalidad con la que el ilustrado Charles Deering levantó en Sitges el Palau de Marivent, en 1910. Afortunadamente, el escenario imaginado por Adelson, un gran fresco aeroportuario pintado al añil y al cioccolato, no impresionó al conseller.

Mas-Colell es fruto del puritanismo que lo acunó en sus años lectivos de Boston, la ciudad blanca de Nueva Inglaterra. Entre 2009 y 2010 desempeñó la secretaria general del Consejo Europeo de Investigación, la plataforma de conocimiento más dotada de fondos del planeta, financiada con aportaciones directas de los países de la UE y con sumas de grandes inversores privados.
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