Los muebles de Unió

10 de junio de 2014 (00:00 CET)

Con la abdicación del Rey Juan Carlos la gesticulación del Gobierno de la Generalitat ha traspasado de largo una de las líneas rojas que el catalanismo histórico generalmente había aceptado. Ahora es más bien al contrario: la política soberanista consiste en marcar su líneas rojas --lingüísticas, jurídicas, competenciales-- dando por sentado que no lo son ni las sentencias judiciales ni el orden constitucional.

Esas cosas las sabe Duran Lleida y no le gustan; en cambio, Artur Mas parece ignorarlas y en todo caso no le disgustan. Tomada por CiU la decisión de abstenerse en la sesión de abdicación del Rey Juan Carlos, la coalición se ve agitada por una tempestad perfecta. Luego, mientras el presidente de la Generalitat aducía un viaje transatlántico para no estar presente en la proclamación de Felipe VI, el conseller Homs dijo en Suiza que el acontecimiento de sucesión dinástica no era más que la perpetuación de un negocio de familia.

Al final, Artur Mas ha rectificado y acudirá a la sesión de las Cortes por --dice-- “respeto institucional”. En primer lugar, ¿por qué razón si no por respeto institucional cree que acudirán los otros presidentes de comunidades autónoma? Y en segundo lugar, no es exagerado que precisamente a causa de ese respeto institucional el conseller Homs ya tendría que estar cesado o firmando su dimisión.

 
Duran pretende salvar los muebles de Unió y al mismo tiempo marcar el perfil de un catalanismo renovado
Duran Lleida es un político a la italiana, modelado según el patrón estilístico de la democracia cristiana en Italia. En su larga carrera política, ha hecho otros amagos, otras figuraciones, pero en esta ocasión posiblemente ha llegado a un punto de ahora o nunca. Es muy propio de la rareza del momento político catalán que una coalición gobernante --CiU--pueda saltar por los aires a causa de la presión de ERC --su apoyo parlamentario--, después de décadas de mantenerse más o menos cohesionada por el interés electoral y el ir y venir del amor al odio.

Nada más impreciso, vaporoso y cambiante que lo que se llama “tercera vía”. En todo caso, Duran se pone en situación de liderarla. ¿Qué pasará con los soberanistas de Unió? ¿Cuántos son? A primera vista, Unió se sitúa en el centro del campo, lo más lejos posible de ERC. Mientras, Convergència todavía no ve que ERC es su principal adversario o, más aún, su enemigo.

Duran pretende salvar los muebles de Unió y al mismo tiempo marcar el perfil de un catalanismo renovado, por contraste con el soberanismo prácticamente monolítico de Convergència. La incógnita es si Duran llevará hasta el extremo su posicionamiento actual o si la coalición acabará recuperando su rumbo de origen. Eso resulta difícil. Y así tal vez el ciudadano de Catalunya, en caso de unas elecciones llamadas plebiscitarias tendrá a mano una papeleta de Unió con Duran como cabeza de lista. Sería un giro fundamental.

Duran tiene un buen olfato político. Intuye el estupor del electorado convergente moderado y una fusión de facto entre Convergència y ERC. Los analistas orgánicos de Convergència le van a dar hasta en el carné.
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