Los liberales contra la ‘estatocracia’

22 de marzo de 2014 (22:00 CET)

Celebré el día de mi santo enrolándome al autocar organizado por PIMEC de Manresa para asistir al acto Diguem prou! (¡Digamos basta!). Y lo hice por mi condición actual de persona vinculada al mundo de la microempresa. Pero también por convicción estratégica. La pequeña empresa es la que garantiza la mayoría del empleo y una buena parte del PIB catalán y su estado de salud debería preocuparnos a todos. En el marco de mis responsabilidades pasadas en el Parlament y en el Govern de la Generalitat, seguramente no hice todo lo que me hubiera gustado por este segmento económico. De forma global, estoy orgulloso de la trayectoria y del nivel de complicidad que conseguí mantener con la mayoría de representantes de este sector industrial, turístico, comercial y tecnológico.

Por eso no podía perderme una movilización de las pocas que convoca este sector, más proclive a pedir entrevistas que a protestar.

La premisa de Pimec para el acto se ha explicado: "En 2007, Catalunya tenía 535.000 pymes que ocupaban más de dos millones de personas . Hoy día quedan 470.000 que dan empleo a unos 1.650.000 trabajadores. El año en que empezó la crisis, las pymes generaban el 64% del valor añadido de los sectores de mercado. Actualmente, este parámetro se sitúa ligeramente por encima del 55%. La pérdida de peso frente a la gran empresa es evidente y también frente al sector público y los sectores de no mercado. Así, podemos afirmar que se trata del segmento económico que más ha sufrido la crisis. Tanto las pymes como los autónomos. Los políticos y los analistas parecen coincidir en que la salida de la crisis vendrá de la mano de las pymes y de las nuevas empresas, que permitirán regenerar el tejido productivo del país . Todos se llenan la boca con este discurso. Sin embargo, las palabras van por un lado y los hechos por otro. Las promesas casi nunca se cumplen y las últimas medidas que se han tomado van en dirección opuesta”.

El acto Diguem prou! consistió en la lectura de un auténtico memorial de agravios en el que el presidente de la patronal, Josep González, denunció incumplimientos del programa electoral de todos los partidos. Especialmente, del PP. Se pasó un vídeo estilo APM (un popular programa de humor de la televisión pública catalana) donde ministros y consejeros mostraban la distancia entre lo dicho y lo hecho. El acto tuvo la dimensión 2.0 y el activo secretario de Pimec, Antoni Cañete, alcanzó más de 300.000 respuestas en la red bajo el hastag #diguemprou.

Algunos de estos #diguemprou que se pronunciaron en el Palau de Congresos fueron por la sobrerregulación por parte de todos los niveles administrativos que complica y retrasa la actividad emprendedora. Por el rescate de una banca que no da créditos y por la morosidad tolerada a las grandes corporaciones empresariales. Por la corrupción política y por la burocracia. Para la emigración de jóvenes preparados y la consecuente descapitalización. Para un Estado que es el instrumento de los grupos oligopólicos contrarios al libre mercado de las pymes y los trabajadores. Para la extorsión energética de los Kilowatinentes. Por los cambios permanentes del marco educativo sin consenso con un claro destinatario en Wert. Para la inutilidad de los servicios exteriores españoles para la exportación de las pymes. Para las infraestructuras e inversiones centralizadas y excluyentes de Catalunya. Contra las élites de la banca, la energía, las grandes infraestructuras y los grandes distribuidores vinculadas todas a los grandes partidos a través de las puertas giratorias.

Por cierto, y hablando de puertas giratorias, me acompañaban en el acto de forma discreta antiguos altos cargos de ERC que se ganan la vida picando piedra como autónomos: Ernest Benach, Xavier Vendrell, Marina Llansana. Y excusaron la presencia Joan Puigcercós y Lluís Aragonès. Dos ex consejeros, un ex presidente del Parlamento, una ex diputada y un ex senador.

El acto fue planteado en términos estrictos de política económica y empresarial, pero no pudo evitar que en la recta final, una mayoría de asistentes levantara la voz bajo el grito de independencia. Pero, como dijo el moderado presidente de Pimec, Josep González, esto ocurre en el campo del Barça, el Liceu y el Palau. Tampoco es extraño.

Una cosa era clara: fue un acto de clase contra clase. Clase empresarial productiva contra casta oligárquica y aliados en la alta política y alta burocracia.
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