Los ERE andaluces y su conexión catalana

07 de junio de 2013 (20:52 CET)

Eduardo de Pascual Arxé y su estrecha colaboradora María Vaqué Molas son los únicos encartados que todavía siguen en prisión por el escándalo de los ERE andaluces, uno de los mayores latrocinios de fondos públicos perpetrado nunca en España. La UE entregó a aquella comunidad 1.200 millones de euros para sus parados; de esa suma, se ha acreditado hasta ahora que 100 millones se esfumaron en manos de una pandilla de desaprensivos.

Otro de los presuntos delincuentes, el locuaz Javier Guerrero, director general de Empleo de la Junta, salió de la cárcel el pasado jueves. Su chófer, que también estuvo entre rejas, ha declarado a la juez que entre su jefe y él desviaron 900.000 euros, buena parte de ellos fundidos en cocaína, alcohol y juergas.

A De Pascual se le acusa en su calidad de propietario de las compañías de seguros Vitalia y su filial Fortia. Una y otra intermediaron en las prejubilaciones y tramitaron falsos expedientes de regulación de empleo que tenían por finalidad última enchufar a cientos de familiares, paniaguados y militantes del PSOE. Por gestionar las pólizas, el tándem Vitalia-Fortia se embolsó comisiones de cuantía considerablemente superior a la habitual del mercado. Por cierto, Fortia se llama en realidad Fortià. La bautizó así María Vaqué en honor al copatrón del municipio ausetano de Torelló (Barcelona), de donde es oriunda.

Eduardo de Pascual se maneja en el mundo de los seguros como pez en el agua. A parte del dúo antedicho, ha sido promotor de Norton Life, Personal Life, Caja Hipotecaria, Preven Risk e Index Corporación. El empresario, trabajador infatigable, siempre huyó de la publicidad. Apenas hay fotografías suyas. Tímido y esquivo, mantuvo un perfil muy bajo hasta su ingreso como accionista relevante de Eurobank en 1996. Su desembarco desató una guerra sin cuartel con el fundador Juan Bilbao, que lo cosió a demandas.

Por aquellas fechas, De Pascual ya era rico. Sus aseguradoras le habían proporcionado pingües beneficios que le permitieron abordar otros negocios como los cines Imax del Maremàgnum de Barcelona.

De Pascual nombró consejeros de Eurobank, entre otros, al catedrático Mario Pifarré, presidente de la Real Academia de Ciencias Económicas y Financieras, única institución de su género que tiene la sede en Barcelona; al ilustre abogado José María Coronas, fallecido en 2003; y al ex conseller y financiero Joan Hortalà, actual presidente de la Bolsa de Barcelona.

Alianzas frustradas

La aversión de Eduardo de Pascual a los focos de los medios, hizo que delegara la presidencia de Eurobank en Ignacio Mas-Bagá. Pero el Banco de España no entendía que el mayor accionista de la entidad autolimitase sus funciones a las de mero secretario del consejo. Transcurrido un tiempo, le obligó manu militari a asumir la jefatura máxima.

En esa época, De Pascual anudó estrechos lazos con Macià Alavedra, a quien propuso la presidencia de Eurobank. El ex conseller, tras evacuar las consultas oportunas, declinó el ofrecimiento, pero le siguió instruyendo en varios asuntos.

En esa misma época, nuestro personaje ideó también la fusión con otro pequeño banco barcelonés, Bankpime, constituido e impulsado por el profesor José Jané Solá. La Generalitat bendijo la boda. Los contrayentes tenían pensado incluso el nombre, Banco de Barcelona. En las conversaciones participaron activamente José Luis Torra, director general de Agrupació Mútua, accionista relevante de Bankpime; y Jordi Conejos, ex director general de Industria de la Generalitat en 1995-2001, que actuaba de asesor de De Pascual. Conejos está hoy encartado en los ERE de Andalucía por sus estrechas ligazones con Fortia.

En el conglomerado Eurobank-Bankpyme se reservó una participación a Mutual Cyclops, presidida por otro ex conseller, Josep Lluís Vilaseca. Pero el proyecto de integración no pasó a mayores, porque el Banco de España, para autorizarla, exigió a De Pascual que aumentara los recursos propios de Eurobank y éste se negó.

La historia del minúsculo Eurobank terminó en el verano de 2003 sorpresivamente, cuando Eduardo de Pascual pidió al Banco de España que lo interviniese. Era una medida sin precedentes, pues nunca hasta entonces banco alguno había solicitado motu proprio su incautación al supervisor. Lo habitual era lo contrario, es decir, que el Banco de España arrollara inmisericorde a los entes crediticios en apuros.

Aquel verano se publicaron docenas y docenas de noticias explosivas sobre Eurobank. Algún medio madrileño llegó a hablar de la “Gescartera catalana”. Pero lo cierto es que Eurobank se liquidó de forma ordenada y los depositantes cobraron hasta el último céntimo. A De Pascual se le juzgó por este episodio en la Audiencia de Barcelona; salió absuelto. Por él volverá en breve a sentarse en el banquillo, esta vez, en la Audiencia Nacional.

En paralelo a la extinción de Eurobank, De Pascual adquirió un potente holding asegurador en Luxemburgo. Fue una de sus últimas actuaciones. Luego se le perdió la pista. Ahora renace envuelto en el embrollo de los ERE andaluces, en el que sus empresas de seguros tienen reservado un papel de primera línea. Veremos si en esta ocasión sale bien librado. No lo tiene nada fácil.
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