Los empresarios catalanes dan la espalda a la Diada

17 de septiembre de 2012 (12:41 CET)

El pasado día 11 y atendiendo a una convocatoria de la Asamblea Nacional Catalana, cientos de miles de personas se manifestaron en Barcelona tras inmensas pancartas de Independencia, Catalunya, nuevo Estado de Europa o la más petulante Goodbye Spain. Como recogían las crónicas de la prensa catalana, henchidas todas ellas de fuego soberanista, los políticos catalanes se manifestaron en segundo plano detrás de los ciudadanos. Sin embargo, los empresarios hacían mutis por el foro y no se dejaron ver por la multitudinaria demostración inequívocamente soberanista en la que, según La Vanguardia, el número de senyeres y estelades (bandera independentista catalana) era imposible de contar. Y como no; de hecho, la manifestación destacó por su carácter familiar. El oasis en estado puro.

Los grandes empresarios catalanes tenían razones poderosas para no dejarse ver por la manifestación y sus aledaños y quienes pudieran compartir los objetivos de la magna congregación de ciudadanos debieron optar por celebrar el evento lejos de la mirada poco comprensiva de quienes no comparten el objetivo de la Generalidad de Catalunya.

Los propietarios y primeros espadas de empresas y marcas como Desigual, Custo Barcelona, Puig, Gallina Blanca, Apis, Matutano, Freixenet, Codorniu, Casademont, Casa Tarradellas, Argal, Tous, Artiach, La Sirena, Frigo, Bimbo, Panrico, Donuts , Bollycao, Fontvella, Mistol, Calgonit, o todo el grupo de empresas vinculadas a la todopoderosa Caixa, así como la larga lista de multinacionales que tienen en Barcelona su ubicación como base logística para la península ibérica, veían en la manifa un peligro cierto para sus negocios y como dice el refrán, con las cosas de comer no se juega.

Nadie echó de menos al presidente de la patronal CEOE, Joan Rosell, al patrón de la Caixa y presidente de la Confederación Española de Cajas de Ahorros (CECA), Isidre Faine, o al presidente de Mango, Isak Andic, a quienes su convencido catalanismo les impedía estar en esa parada familiar.

Quizá, el más preocupado de todos ellos podría ser Isidro Faine --Isidro o Isidre, según convenga--, presidente de la Caixa d’Estalvis i Pensions de Barcelona, "La Caixa”, que en agosto había integrado en su seno a Banca Cívica, resultado a su vez de la fusión de Caja Navarra, CajaCanarias, Caja de Burgos y Cajasol, que a su vez era consecuencia de la fusión de las cajas sevillanas El Monte (Huelva, Jerez y Sevilla), Caja de Ahorros San Fernando y Caja de Guadalajara.

La obligación de explicar a sus impositores de Burgos, de Sevilla o de Navarra de qué iba la multitudinaria manifestación septembrina barcelonesa, no va a resultar una tarea fácil para quien ostenta la más alta representación de la más poderosa institución financiera catalana
y que ha tratado, con mayor o menor fortuna, de sortear los innumerables problemas que la clase política catalana le ha tratado de generar en los últimos años.

La unión de La Caixa y Banca Cívica creó la mayor entidad financiera española del momento, con más de 13 millones de clientes y unos activos gestionados de 345.000 millones de euros y aunque la integración no ha requerido ayudas por el momento, analistas de Morgan Stanley y Nomura apuntan a que La Caixa va a tener que asumir una recapitalización de 6.400 millones de euros con una posible ayuda del Frob. La fusión provocó que la agencia Standard & Poor’s (S&P) revisara a la baja los ratings del grupo financiero, bajando la calificación de la deuda a largo plazo de la Caixa de BBB- a BB (nivel de bono basura). Fitch, por su parte, mantuvo en BBB la calificación a largo plazo de CaixaBank, pero rebajó un escalón la calificación de La Caixa, el principal accionista de CaixaBank, desde BBB a BBB-.

Para muchos analistas políticos, la Diada de 2012 va a suponer un antes y un después en la vida de Catalunya y aunque es posible que no pase absolutamente nada y que los analistas vuelvan a equivocarse, la realidad es que el empresariado catalán está profundamente preocupado al considerar que al nacionalismo se le ha ido de las manos la situación de la puta i la ramoneta de Pujol padre, porque Pujol hijo bastante preocupado está por el proceso judicial que se le viene encima.


La Caixa tiene mucho que decir

Analistas financieros de referencia apuntan al hecho de que La Caixa tiene un serio problema como consecuencia del posicionamiento independentista de CiU, ya que la entidad financiera catalana es, en estos momentos, un banco con bastantes más intereses al sur del Ebro que en la propia Catalunya.

Aunque resulta imposible conocer la distribución geográfica de las grandes cifras de negocio de La Caixa, se puede realizar una aproximación si atendemos al número de oficinas que la entidad tiene en toda España y que suman un total de 6.577, de las que solo 1.707 están en Catalunya. El resto se reparte entre las 46 provincias restantes entre las que sobresale Madrid con 789 oficinas; Sevilla (465); Valencia (267) o Pontevedra (75). Extremadura origen de una parte del ahorro que ayudó al desarrollo catalán, cuenta con 98 sucursales. Igual cabria decir de los centros de empresa de La Caixa, ya que de los 102 que tiene declarados la entidad catalana, solo 21 están en Catalunya, mientras que solo Madrid cuenta con 25 de este tipo de oficinas.

Manteniendo a La Caixa como referente del dinámico empresariado catalán --dejamos al margen a los abnegados butiglies--, la entidad financiera catalana por antonomasia cuenta con un nada desdeñable grupo de empresas participadas cuyos orígenes y posterior desarrollo, están indisociadamente ligadas a España y que en demasiadas ocasiones han sido fruto de los favores de los gobiernos de Madrid, a través de concesiones y regulaciones.

Así ocurre con Gas Natural-Fenosa, propiedad de La Caixa en un 37,5% del capital. A través de diez compañías distribuidoras y dos comercializadoras, que operan en 13 comunidades autónomas, GNF ocupa el quinto puesto como operador principal del sector eléctrico español.

Como aprovisionadora, distribuidora y comercializadora de gas natural en España, la gasista cuenta con nueve millones de clientes en España de los que sólo dos están en Catalunya.

Es el caso de Repsol, sociedad controlada por La Caixa, fundada en octubre de 1987, tiene su origen en la agrupación de una serie de compañías, previamente pertenecientes al Instituto Nacional de Hidrocarburos (INH). Cerca de 3.700 estaciones de servicio, repartidas por toda España, surten de carburante a un mercado con poca competencia según denunció la Comisión Nacional de la Competencia en 2011.

Abertis es otro de los casos escabrosos de La Caixa y a través de cuyas actividades tiene, por ejemplo, el monopolio de sectores tan estratégicos como las Infraestructura de telecomunicaciones. Bajo la marca Retevisión, heredera de la compañía creada por el Gobierno en 1989, el grupo opera en España una red de más de 3.000 puntos de telecomunicaciones para la distribución de señales de radio y TV, servicios de comunicaciones móviles, gestión de red para grupos cerrados de usuarios y alquiler de espacio a operadores de telecomunicaciones. Las ondas de toda España son suyas.

La concesión de autopistas --gestiona directamente más de 1.500 kilómetros de autopistas en España (que representan el 59% del total de vías de peaje del país)-- y otras infraestructuras, casi completan la presencia de esta compañía de La Caixa por más de media España.

Sin ser exhaustivos, una última compañía como Aguas de Barcelona (Agbar), participada y controlada igualmente por La Caixa, está presente en la vida de millones de ciudadanos españoles que habitan en 1.035 poblaciones, a través de la gestión del agua. 300.000 habitantes de Madrid, Rivas, Arganda, Pozuelo o Alcobendas; 710.000 de Zaragoza, Calatayud o La Muela; 300.000 de Cádiz , San Fernando o Chiclana; 384.000 de Valladolid; 461.000 de Valencia; 382.000 de La Coruña; 340.000 de Marbella, Torremolinos o Estepona, o 1,5 millones de alicantinos beben agua gracias a Agbar.

La gran cuestión que queda por dilucidad es si los empresarios catalanes, que en otras ocasiones ha hecho el papel de dique para frenar las tendencias soberanistas del nacionalismo catalán, van a poder reconducir en esta ocasión a la clase política que está llevando a los catalanes a un punto de difícil retorno.

Declarada oficialmente España como enemigo exterior por el nacionalismo catalán, en típica maniobra de probados resultados y con el exclusivo objeto de tapar el monstruoso déficit que atenaza el futuro económico de Catalunya, los empresarios catalanes tienen ante sí un problema considerable.

La recuperación económica y la creación de puestos de trabajo en Catalunya podría ser la respuesta a ese gran reto, aunque los analistas coinciden en poner de relieve que el tejido productivo catalán está especialmente dañado tras demasiados años de aventurerismo político que no es del gusto de los inversores.


** Carlos Díaz Güell es editor de 'Tendencias del Dinero', publicación 'on line' económico-financiera de circulación restringida
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