Los cálculos de Artur Mas

02 de diciembre de 2013 (00:00 CET)

No parece que el surfeo independentista de Artur Mas haya recurrido a las técnicas de futuribles. Si hubo cálculos previos, el desacierto ha predominado. Si no hubo análisis de escenarios posibles estaríamos ante un caso de inhabilidad política que arrastrará a CiU. Error de cálculo electoral: dar por supuesto que los sustentos mediáticos iban a ser concluyentes, perder 12 escaños y ver la emergencia de ERC como partido más votado. Un cálculo tan equivocado pudiera llevar a la desintegración de Convergència, salvo si es capaz de reingresar en el catalanismo pactista y adecuarse a las realidades de la Catalunya de hoy.

Otro cálculo desventurado ha sido no tener un plan riguroso sobre las eventualidades económicas de la secesión. Sin réplica nacionalista de peso, el gobernador del Banco de España, Luís Linde --por cierto, buen conocedor de la obra de Pla--, advierte de los riesgos graves que la independencia de Catalunya representaría para los bancos, desconectados --por ejemplo-- del oxígeno del Banco Central Europeo.
 
El proceso soberanista de Mas tiene muchos flecos sueltos

Tampoco parece haberse evaluado la posibilidad de que haya empresas que se deslocalicen, para no asumir el coste de normativas adicionales y evitar la pérdida de mercado en España. El crecimiento económico en países como Catalunya depende de la calidad de las leyes y de la solidez de las instituciones públicas.

Aquí aparece una ausencia de cálculo: no tener en cuenta que las propias instituciones catalanes puedan salir deterioradas de la aventura, sin un plan B, alejadas de la representación de toda una sociedad y no solo de los vectores independentistas.

En el aspecto jurídico, la argumentación prosecesionista resulta endeble, centrada en dictámenes del Consell Assessor per a la Transició Nacional a menudo contradictorios y ambiguos, a pesar de la voluntad manifiesta de contribuir a la legitimación jurídica de la secesión. Han pasado los meses y no sabemos ni qué fundamento jurídico tendría la consulta, ni por qué vía constitucional iba a avanzar, ni cuál sería la pregunta ni con qué calendario.

El cálculo más desatinado de Artur Mas ha sido suponer que podría calar sin objeciones la idea de que Catalunya vaya a irse de España quedándose en la Unión Europea. Ese error es de una dimensión estratosférica porque era obvio que sería contra-atacado por la lógica de experiencia histórica y del acervo comunitario. En su conjunto, los cálculos de Mas van a acabar dañando a la sociedad catalana mucho más que a la realidad constitucional de España. Supongamos que no se trataba de eso.
Suscribir a boletines

Al suscribirte confirmas nuestra política de privacidad