Los abuelos tenían razón: su receta de austeridad sí que funciona

06 de febrero de 2015 (00:00 CET)

Los griegos y los que anuncian su voto a Podemos no creen en las políticas de austeridad. Bien, quizá en lo que no confían de manera más exacta es en algunos de los problemas derivados que comportan: desigualdad, pobreza, paro...

Porque muchos de quienes critican las políticas de austeridad en materia económica las aplican en sus propias familias, sin ir más lejos. Gastar los recursos con moderación y reducir la deuda de una manera razonable no es ninguna gran teoría propia de un premio Nobel, sino lo que hemos aprendido la inmensa mayoría de ciudadanos de cómo administraban sus familias nuestros antepasados. En definitiva, un concepto más antiguo que el baúl de la Piquer, que diría un castizo.

El 2,5% de crecimiento crea empleo y reduce la deuda, de manera insuficiente, es obvio, pero la austeridad ha dado frutos

El problema es que esas tesis de los abuelos las ha forzado el Gobierno del PP en España con un resultado desolador durante la crisis, poca comunicación y casi ninguna finezza social. El país se ha devaluado (salarios, precios, activos...) de manera profunda y los índices de desempleo son muy elevados. Al Ejecutivo conservador le ha faltado empatía, capacidad de dar respuesta a los problemas sociales asociados al ajuste que se ha producido en el conjunto de la sociedad.

Ahora llega el momento de corregir eso. No lo dice ya Mariano Rajoy ni tampoco el ministro de Economía, Luis de Guindos. Lo dicen nuestros socios europeos, que desde Bruselas recuerdan que el esfuerzo español va a tener recompensa: España crecerá un punto por encima de la UE este año y llegará a un insólito 2,5% del PIB. Con ese porcentaje se crea empleo y se reduce parte de la deuda. Todo de manera insuficiente, es obvio, pero la austeridad ha dado por fin sus frutos.

Que el Gobierno sea más o menos atento con quienes están afectados por el drama del desempleo o de la exclusión social es algo que pertenece a la sensibilidad política de cada partido. Es la política (la soberanía) que aún nos queda a cada Estado perteneciente a la moneda única. Pero, lo que ya parece indiscutible es que la receta económica de la abuela sigue funcionando para remontar la situación. Y lo que me gustaría oír en el futuro es cómo se aprovecha ese impulso para resolver problemas en vez de más críticas a la receta de la abuela.

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