Lo siento

27 de junio de 2015 (22:11 CET)

Mi gestor siempre aprovecha el paso obligatorio de la declaración de la renda para informarme del estado de la economía real. Este año, por primera vez desde hace tiempo, se ha mostrado optimista en lo que respecta a la economía productiva. Las empresas que han superado las dificultades se han internacionalizado, y están creciendo y arrojando beneficios. También han empezado a contratar, aunque sea de forma tímida. Por el camino han dejado muchos cadáveres, ya sea por culpa de su poca musculatura financiera o por la dependencia de los bancos. Bancos que de la noche a la mañana pasaron de perseguir a todo el mundo para endosarle créditos hasta para comprar un cepillo de dientes, a cortar en seco cualquier crédito, incluso para empresas com comanda certificada. Ahora, me comenta el gestor, se está volviendo a las prácticas habituales.

Y esta es la parte negativa del análisis de mi gestor. Las empresas han hecho los deberes y han echado el resto. El capital financiero y privado, por contra, sigue mostrando actitudes carroñeras, el primero, y cobardes, el segundo. ¿Han reciclado los bancos a su personal para comprender bien el tejido industrial y comercial de proximidad? ¿O, por contra, con la concentración cuasi oligopólica de bancos y cajas los centros de decisión se alejan y se vuelven impersonales, lejos de la proximidad de las pymes?

En este ámbito dejado por la banca es precisamente donde podría actuar el capital privado. Pero aquí es la ruindad, la visión cortoplacista, la extrema aversión al riesgo las que hacen que capitales familiares vinculados a empresas medianas dejen pasar oportunidades de oro. Mi gestor me contaba dos o tres casos de innovaciones tecnológicas comprobadas y de gran capacidad en el mercado, creadas en Cataluña, que han acabado en manos suizas o alemanas por el miedo y la poca capacidad de perspectiva de los empresarios locales a la hora de inyectar el capital que necesitaban para emprender el vuelo.

Hasta aquí, todo entra dentro de la relativa normalidad. Coyuntura positiva, vicios estructurales que no se han reformado. Pero si echamos un vistazo a las noticias de la semana en el campo público, a uno se le vuelven a poner los pelos como escarpias. La negociación con Grecia se ha enmarañado. El pulso entre Lagarde y Tsipras, con la UE en medio, no augura nada bueno. Una insiste con medidas que conducen al empobrecimiento sin recuperación económica. El otro, sigue sin explicar como abordar la situación estructuralmente insostenible de tener el sistema de pensiones más beneficioso en términos relativos de Europa, a la vez que se es la zona com menor productividad. Y todo ésto sin garantizar medidas para poner freno a la fuga de capitales de las grandes fortunas en Grecia.

Ojeando páginas de periódicos, te topas con un informe de la OCDE en el que alerta de que la política de intereses bajos, destinada a promover las inversiones, no está funcionando. Y en cambio provoca las tentaciones de los fondos de pensiones y las compañías aseguradoras, que vuelven a apostar por los productos dudosos en su permanente búsqueda de rendimiento. El informa indica que podríamos estar alimentado otra gran burbuja que, si estalla, podria poner en riesgo los ahorros para la pensión complementaria de miles de personas mayores. Si la democracia europea no incorpora la obligación de la información detallada a la población de los movimientos que se hacen con sus ahorros, si no fomenta la aparición de sindicatos de usuarios que vigilen el comportamiento prudente de aquellos que gestionan sus ahorros, al final será una catástrofe.

Un panorama apocalíptico, claramente defendido por el consultor financiero independiente Martin Armstrong, que en los últimos días también ha pronosticado una crisis de deuda de los gobiernos en octubre de 2015, que llegará a su máxima virulencia en 2017. Esta situación, añade Armstrong, comportará más agresividad hacia los ciudadanos, con más impuestos y restricciones democráticas.

Ante este escenario, en Cataluña, ahora que la Puta se separa de la Ramoneta de centro derecha, solo faltaria que estas dos señoras volvieran a la Generalitat de la mano de la coalición Podemos, que al no prestar su apoyo a la única ruptura real del régimen, que es la República Catalana, contribuirá a la continuidad de los dramas estructurales, dramas que hacen de España una de las dianas favoritas para cualquier nuevo tsunami financiero como el que nos anuncian. Perdonen, pero no he sido yo quien les ha frustrado el optimismo por la subida cercana al 3% del PIB. Lo siento.

Suscribir a boletines

Al suscribirte confirmas nuestra política de privacidad