Llega la tormenta perfecta

24 de enero de 2016 (11:08 CET)

Asistimos a un encadenamiento de hechos que alguien califica de tormenta perfecta. La dimensión global de las noticias de los últimos días y su repercusión local nos están dando a los ciudadanos sencillos una sensación de prólogo apocalíptico, ante el cual los gobiernos no actúan, o actúan a favor.

El nuevo derrumbe de las bolsas, siempre con una excusa como detonante, la caída en tromba de los precios del petróleo, la parada de los países emergentes, la continuación y multiplicación de la problemática de los exiliados, las medidas en cadena de restricción de paso y acogida de los estados europeos, la constatación del año más caluroso y seco del planeta desde que se toman medidas meteorológicas.

Y la expansión del yihadismo como forma de terrorismo global. He tenido la ocasión de presentar esta semana en mi ciudad el libro "Objetivo: Califato Universal" de los periodistas Eduardo Martín Pozuelo, Jordi Bordas y Eduard Yitzhak. En él advierten de los peligros de un desafío global basado en el fanatismo religioso y que recibe apoyos a Occidente, desde la extrema derecha a la extrema izquierda, por su vertiente antisionista y verbalmente anticapitalista.

Las políticas europeas están tendiendo hacia el 'sálvese quien pueda', en inmigración, en terrorismo y en intervención en los puntos originarios de los conflictos armados que alimentan yihadistas y refugiados.

Detrás de las diversas fracciones armadas que actúan en nombre de Alá hay siempre la financiación de los estados petroleros. Por eso, la crisis del petróleo también acaba teniendo una dimensión política.

Mientras quien tenga la sartén por el mango del combustible sean estados teocráticos y dictatoriales, las democracias traerán puesta la soga al cuello. Por otra parte, la dependencia mayoritaria de Occidente y de los BRIC de los combustibles fósiles es una mala noticia para la supervivencia de la Tierra como lugar habitable. De aquí vienen los reiterados fracasos de las cumbres por el clima.

Mientras esto sucede el cambio climático avanza y con él la presión para las migraciones masivas que pueden llegar a ser más numerosas que las provocadas por las guerras. Finalmente, la garantía de desarrollo difuso de la industria y la economía de servicios con alto gasto energético pasa por tender a la autosuficiencia energética, lejos de la subordinación a las dictaduras islámicas. Y esta sólo es posible con un sistema integrado de fuentes no contaminantes: hidráulica, marina, geotérmica, solar, eólica, cinética, etc.

La financiación de la violencia, principalmente yihadista, proviene de los 2.000 millones de dólares que se estima que ingresa Estado Islámico por la explotación del petróleo que controla, hasta los 25 de Boko Haram. Pasando por los 1.000 de Hamas, 500 de Hezbolah y los 150 de Al Qaeda procedentes de varios mercados de contrabando de combustible, armas, drogas y personas que consumimos o producimos en los estados democráticos.

Es cuando los ciudadanos vemos estas contradicciones, que recibimos la impresión que el sistema político hace aguas. Entonces las tentaciones populistas de soluciones milagrosas, vengan por la extrema derecha o por la extrema izquierda, acaban haciendo el juego a quienes quieren provocar un retroceso de las libertades universales.

Las grandes fortunas multinacionales que perpetúan un modelo de capitalismo sin alma y depredador de la tierra, con sus ingenierías fiscales para evadir impuestos y dejar débiles los estados del bienestar occidentales y la expansión del virus del populismo/islamismo pseudorevolucionario dispuestos a formatear la opinión popular en una dirección mesiánica, son los auténticos detonantes de las tormentas perfectas que iremos sufriendo, si no reaccionamos a escala local o de sociedades nacionales pequeñas y homogéneas, creando modelos alternativos de economía y de valores democráticos.
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