Leopoldo Rodés, el puente entre Pujol y Maragall

09 de julio de 2015 (08:57 CET)

Leopoldo Rodés fue uno de esos empresarios, auténticamente emprendedores, que no dudaron en ponerse a disposición del proyecto olímpico de Barcelona y de su proyección internacional, a pesar de las reticencias que esta aventura generó en los ámbitos de influencia del presidente de la Generalitat.

Tanto es así que Rodés se convirtió en una de las primeras figuras empresariales en responder a la petición de apoyo económico que, en 1983, Pasqual Maragall hizo en el Saló Daurat de la Cambra de Comerç de Barcelona.

Rodés también destacó a la hora de establecer puentes, desde la alcaldía de Barcelona, con Jordi Pujol y su gobierno, en los momentos de tensión que se vivieron entre las dos instituciones de la Plaça de Sant Jaume y con el mismo President.

Como uno de los máximos responsables de la relación con los miembros de Comité Olímpico Internacional que visitaron la ciudad, Rodés puso de relieve sus cualidades como anfitrión y sus dotes diplomáticas –tenía una relación de amistad auténtica con el expresidente George H. W. Bush. En particular, fue capaz de establecer excelentes conexiones operativas con el equipo de apoyo a la candidatura impulsado desde el Ministerio de Asuntos Exteriores.

También tuvo un papel fundamental sacando adelante proyectos difíciles e innovadores como el del Museo de Arte Contemporáneo de Barcelona (Macba), la iniciativa de Maragall para dotar a la capital catalana de un museo contemporáneo comparable a los que tenían la mayoría de ciudades europeas y norteamericanas. En este caso, Rodés asumió la responsabilidad de galvanizar el apoyo empresarial a la fundación privada que hizo posible el centro.

Es justo recordar también que, tres el éxito olímpico, Leopoldo Rodés no escondió su simpatía por la candidatura, en 1999, de Maragall a la presidencia de la Generalitat.

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