Las reglas básicas de gobierno son inalterables

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05 de junio de 2009 (18:12 CET)

Las preguntas sobre el momento de salida de la crisis o por qué ésta no había sido prevista las hacen las mismas personas.

Por un lado critican la imprevisión y por otro exigen una anticipación afinada que, si bien se consigue en condiciones estables, es imposible de precisar cuando se producen los cambios de tendencia. Así, la reiteración de situaciones físicas en cuantía y duración permite anticipar su retorno futuro, pero las personas no se guían por el pasado, sino que éste es un soporte para llegar a otra parte o conseguir algo diferente, que es la meta perseguida por el comportamiento. La meta –el futuro deseado– es la que orienta. Se fija según la ambición, la seguridad,el valor y los medios disponibles, pero hasta éstos cambian para adecuarse a la finalidad perseguida.

Las personas aprenden, olvidan y aprenden de nuevo, sin que sea obligado repetir los mismos errores del pasado; de hecho, aunque se tropieza una y otra vez en la misma piedra, es más habitual tropezar en otra distinta. En el comportamiento individual, que estudia la microeconomía, las pautas de minimización de coste y maximización de beneficios, de eficiencia asignativa, preferencia temporal, metas jerarquizadas y decisión racional consistente son estables. En cambio, en el comportamiento macroeconómico y la actuación grupal la experiencia cuenta y, así, la ilusión monetaria se ha ido desvaneciendo y con ella algunos trucos para sacar más recursos de los contribuyentes o para pensar que el descenso de tipos en el impuesto sobre la renta personal lleva a un aumento del consumo, lo que sólo ocurre en situaciones de crecimiento, pero no en momentos críticos.

La acumulación de experiencias, datos y reflexiones ayuda a hacer un buen diagnóstico y facilita conseguir, aunque sin certeza, una terapia adecuada incluso en momentos y culturas diferentes. Esto planteaba Ibn Jaldum, nacido en Túnez en 1332 y consejero de la dinastía nazarí de Granada. El profesor Fabián Estapé estudió la obra de Jaldum, que sigue siendo un referente en el mundo musulmán, especialmente Al-Muqaddimah (introducción a la historia universal), donde plantea consideraciones básicas sobre el ser humano y el gobierno. Entre las primeras menciona “el hombre es más hijo de sus costumbre y hábitos que de su naturaleza y temperamento” y que “poco importa en qué tribu nace el hombre, no pertenece en realidad sino a aquella cuya suerte comparte y en la que se ha decidido a observar sus reglamentos y disposiciones”, “las costumbres son una segunda naturaleza”, “el confiarse en la asistencia ajena revela la incapacidad propia”, “no es de su estirpe, sino de sus hábitos que el hombre tiene su carácter”, “la gente de sano sentido no hace ninguna cosa sin proponerse algún objeto útil” y “la generalidad de los hombres está más bien llevada a censurar que a aprobar”.

Jaldum considera que “el medio más eficaz para la prosperidad de un país estriba en minorar en cuanto posible las cargas que el Estado impone a los laborantes; de esta suerte se entregarían con ánimo y gusto al trabajo, confiados en recoger la utilidad correspondiente”, “el soberano que negocia por su cuenta perjudica los intereses de sus súbditos y arruina las rentas del Estado”, “únicamente las rentas del Estado pueden acrecentar la fortuna del soberano y aumentar sus medios. Nada fomentamejor las rentas que el trato equitativo a los contribuyentes y su administración con justicia; de esta manera se sienten alentados y con disposición para trabajar tesoneramente a efecto de hacer fructificar sus dineros; de aquí el incremento de los ingresos del sultán.Toda otra fuente que un soberano pretendiera, la del comercio, por ejemplo, y la agricultura, perjudica de inmediato a los intereses del pueblo, a las rentas del Estado y al desarrollo del país”.

Jaldum se apoyó en Abu Béquer de Tortosa que en su Lámpara de los príncipes expone que “solamente se tomará de los vasallos el sobrante de lo que han menester para atender a las necesidades de la vida y para la marcha de sus negocios, y lo recaudado se invertirá de modo que el provecho que se obtenga recaiga sobre los mismos vasallos”. En la misma línea resaltan que la norma debe ser ejemplar y tener una conducta irreprochable para que los súbditos también lo sean.

Las enseñanzas de Jaldum y Abubéquer también están en los cuatro libros de Confucio. Se plasman en la recomendación hecha a los gobernantes de cualquier ámbito para que den ejemplo de corrección regulatoria y buenas prácticas administrativas en las que pongan la misma diligencia y rapidez de cumplimiento de plazos que la exigida a los contribuyentes, así como moderación en el gasto y eficacia en la asignación de recursos, gestión rigurosa y una Administración que pueda pagarse sin sacrificios y que promueva la eficiencia y el crecimiento económicos. Esto se resume en que los que gobiernan y administran respeten al ciudadano como piden que se les trate a ellos.
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