Las pymes y las finanzas

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28 de noviembre de 2011 (09:41 CET)

Joan era un empresario que tenía la mano rota con las plagas, termitas, escarabajos de cocina, roedores,… ninguna plaga se le resistía. Incluso lo habían contratado en Mallorca, para desratizar la segunda residencia de un empresario de Barcelona a quien había "limpiado" la empresa.

Antes de la crisis, a Joan le iban muy bien las cosas. Mejor que bien. Llegó a tener 16 empleados. Conocía muy bien el sector, estaba al día de las últimas novedades, iba a ferias y era exigente con él mismo y con sus empleados. El boca a boca de sus clientes hacía el resto.

A pesar de la crisis, las cosas no habían cambiado demasiado. Aparentemente. Buena parte de los clientes de siempre le seguían llamando, pero el intrusismo le había destrozado los márgenes y ya no cobraba a 30 días. La mayoría le obligaban a aceptar tres meses y casi nunca los cumplían.

Últimamente tenía que perder más tiempo yendo detrás de los impagados que haciendo el trabajo. Con el Banco no se había entendido, después de que le recortaran la póliza de crédito a la mitad sin motivo. Le habían dicho que el Banco estaba reduciendo la "exposición". Pero ahora empezaba a tener un problema de verdad. Uno de los mejores clientes no le pagaba. Y tenía una buena razón para no hacerlo: estaba entrampado hasta las orejas con la administración. ¿Solución? Esperar.

Pero Joan no podía esperar. Los clientes le reclamaban que terminara trabajos para los que no tenía ya material ni mano de obra. A los acreedores les llenaba de promesas, y a los empleados les pagaba cuando podía pero no a final de mes. La situación se iba complicando y un amigo le recomendó hacer "una pelota"…(*)

No sé cuántos lectores conocen pymes como la de Joan, pero en Catalunya hay actualmente 611.751 empresas, de las cuales el 94% tienen menos de 10 empleados. En estas organizaciones el propietario hace funciones de gerente, comercial, financiero y de producción.

El poco volumen y la variedad de tareas hace que a menudo la gestión financiera acabe siendo ejercida a tiempo parcial por alguien de confianza y metódico pero sin una gran formación ni experiencia. El resultado es que la mayoría de estas pymes gestionan el dinero como en una tienda del siglo XIX: Si hay dinero en la caja, vamos bien; si no hay: mal.

Todo esto está relacionado con la reflexión que hacíamos en una cena con unos antiguos compañeros uno de los cuales es emprendedor. Este compañero se quiere dedicar a asesorar financiera y externamente a pequeñas empresas. Nada innovador y menos emocionante, pero sin duda, muy útil si consigue su objetivo. Soy de los que pienso que las posibilidades de este negocio son inmensas. Pero a la vez veo un handicap que a mis ojos es insalvable. La mayoría de pequeñas, medias y micro empresas que tienen problemas financieros no son conscientes hasta que ya es demasiado tarde.

Sus propietarios entrampan sus bienes personales, sufren, vacilan, caen, se vuelven a levantar, pero ¡echan la empresa hacia adelante y muchas veces salen! Pero a veces no, y cuando se dan cuenta piden ayuda y ya no se puede hacer nada. Un buen amigo, emprendedor de éxito y que ahora trabaja para ayudar a las empresas con dificultades desde la administración me explicaba que a la mayoría de los casos que le llegan, sólo les queda bajar la persiana. Una lástima.

Sólo hay una cosa más difícil que ayudar a alguien que no se deja ayudar, y es ayudar a alguien que no sabe que necesita ayuda. Así que mi amigo tendrá trabajo para convencer a mucha gente. Ojalá lo consiga. ¡Le deseo mucha suerte!

(*) Hacer "una pelota" era una forma de financiación muy utilizada en España durante los años 80. Consiste en descontar (cobrar) una letra o una factura o un pagaré, emitido contra una persona o entidad de confianza. La letra no se dejaba vencer puesto que se abonaba con el descuento de una segunda.
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