Las grandes batallas del gasoducto

18 de junio de 2014 (00:00 CET)

Putin le ha cogido gusto a cerrar la espita del gas. En los años 70 vivíamos pendientes del precio de barril de petróleo. Ahora Putin deja Ucrania sin gas, como represalia.

En el fragor de esta batalla, ¿hay una oportunidad para España? Ahí están varias plantas regasificadoras y los dos gasoductos que vienen de Argelia. Aunque bastante complicada según los expertos, quizás sea una circunstancia energética de provecho para España, algo para el intercambio, una ficha para negociar poder. Según parece, este dato ya está siendo valorado en el Consejo Europeo, a propuesta de Rajoy.

Más que nunca se echa en falta una política energética de la Unión Europea. Los Estados Unidos la tienen y les ha dado buen resultado. No fue una buena noticia para Europa el acuerdo histórico firmado entre la Rusia que vende gas y la China que lo compra. Bueno, la China lo está comprando todo y a muy buen precio. Su búsqueda de recursos energéticos se extiende globamente.

Putin está aplicando con rudeza su particular diplomacia del gas. No se sabe quien pierde ni quien saldrá ganando porque llevar estas cosas al límite tiene riesgo: para Putin un enfrentamiento con Europa, para Europa un mayor pérdida de peso geoestratégico y de suministro de gas. Ucrania es hoy un territorio muy resbaladizo.

 
¿Va a imponerse con solvencia la necesidad de obtener gas pizarra por fracking?
Rusia va a enviar gas de Siberia a China, por gasoducto. Representa un incremento potencial para la economía china. Para Rusia, un nuevo mercado. Si en el pasado los conflictos fronterizos hicieron temer por una guerra ruso-china, el giro actual es muy significativo. Se puede recordar que la diplomacia de pin pon de Nixon abrió relaciones con China para debilitar a la Unión Soviética. Hoy, Pekín y Moscú buscan vínculos incluso militares.

Y ahora Rusia y China pactan para un debilitamiento indirecto de Europa y para aislar a los Estados Unidos. Como siempre, al final lo que cuentan son los intereses nacionales, mientras los Estados Unidos van en camino de lograr un autoabastecimiento energético. Europa sigue en dependencia del gas ruso. Tras la crisis de deuda soberana --ha dicho el comisario Rehn-- la eurozona debe hacerse con un suministro seguro de gas.

Desde luego, de ser factible instrumentar útilmente el abastecimiento de gas por parte de España, a Francia eso no va a complacerle. El precio del gas sube. ¿Va a imponerse con solvencia la necesidad de obtener gas pizarra por fracking? Solo faltaba un encarecimiento del petróleo iraquí.
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