Las falacias de Mas, la sordera de Rajoy

02 de diciembre de 2014 (19:02 CET)

Artur Mas continúa el viaje hacia su Ítaca particular. Es decir, el de la salvación de su proyecto político personal. Después de un año fijando todo el debate político catalán en torno el tricentenario y la fecha del 9N, ahora, en la conferencia del 25 de noviembre, plantea un nuevo escenario por el pueblo de Cataluña: 18 meses para llegar al paraíso de la independencia.

Mas presentó su hoja de ruta en un acto personal, como Presidente de la Generalitat, ni de su partido ni de su Gobierno. En este acto propone unas elecciones plebiscitarias, con una lista única de país, más allá de los partidos independentistas, con un punto programático único: una mayoría para conseguir en 18 meses la Ítaca independentista.

En su discurso Artur Mas vuelve a presentarse como "el hombre providencial", el "Mesías" que tiene que llevar a Cataluña hacia la libertad, fuera del "yugo" de España. Lo significativo del cambio ideológico rupturista efectuado en la derecha hegemónica catalana es que ahora, incluso en los medios públicos de Cataluña, ya no se habla del Estado Español como contrincante, ahora es ya simplemente España, el enemigo opresor.

Artur Mas pretende mantenerse al frente de la iniciativa política y dirigir el proceso evitando el protagonismo del independentismo tradicional, el de verdad, el de ERC. Por eso pretende situarse por encima de los partidos, apelando a la presión de la autodenominada sociedad civil, representada por la ANC de Carme Forcadell, que ya parece totalmente entregada al deseo del Presidente.

La posición de Mas está llena de un montón de falacias. Se presenta como adalid de un proyecto unitario, cuando se trata tan sólo de su proyecto, que no ha acordado con nadie. Un proyecto que no tiene ninguna garantía de llevarse a cabo. Primero precisa de una mayoría al Parlamento que no está garantizada ni mucho menos. Asimismo una mayoría de diputados puede no tener mayoría de votos. Tampoco puede garantizar que después de 18 meses se pueda realizar el nuevo "referéndum". Ni siquiera aclara con qué mayoría es viable su proyecto independentista.

El proyecto de Mas es sólo un intento de alargar en el tiempo el conflicto. Sabe que ahora no hay ninguna solución posible e intenta ganar tiempo. ¿A qué precio?

Ahora ya no se trata del derecho a decidir que podría ser compartido por una mayoría de la ciudadanía catalana, tanto independentista como no. Ahora ya es una propuesta sólo para independentistas. Es, por lo tanto, una propuesta que provoca división y no unidad en el pueblo de Cataluña. Parece que al invocar una "lista de país" pretenda suplantar el papel propio de los partidos políticos y crear un tipo de "movimiento nacional" de Cataluña. Artur Mas para salvarse es capaz de hundir el país. Las elecciones plebiscitarias no existen, sólo hay elecciones en el Parlamento de Cataluña.

Es una falacia plantear una candidatura con un programa de un solo punto. ¿Durante estos dieciocho meses con qué programa se gobierna? ¿Y al servicio de quién?

Una vez más, Artur Mas pretende esconder, ahora bajo la "estelada", su mal gobierno. Mas se dirige a los independentistas de buena fe y los llama a votarle. A la vez esconde la actuación de su Gobierno basada en las privatizaciones y en los recortes que están destruyendo el estado del bienestar y la sociedad en Cataluña.

La oleada soberanista ha escondido la pésima situación de la realidad social en Cataluña poniendo sordina a la movilización social. Esto es el que, por ejemplo, llevó a decir a Joan Herrera, de ICV, que desde Cataluña sentía sana envidia de la "marea blanca de Madrid", que había conseguido parar la privatización de la sanidad.

Artur Mas sabe más que nadie que no hay mayoría independentista en Cataluña. El 9N lo demostró. Él y su partido son unos de los principales responsables, junto con el PP, de la ruptura de la cohesión interna en Cataluña, tanto nacional como social.

El 9N quedó patente la existencia de dos cataluñas, una mayoritariamente independentista, la del interior del país, y otra alrededor del área metropolitana de Barcelona, del Vallés Occidental, del Baix Llobregat, de Lleida ciudad, de Tarragona ciudad, que no lo es. Él especialmente es responsable de la ruptura de la idea de "Cataluña. un solo pueblo", durante muchos años predominante en la sociedad catalana.

La derecha catalana al frente del independentismo no piensa ni en el pueblo ni en la sociedad catalana sino al salvaguardar un proyecto político que causa división. Y un proyecto político que Mas trata de mantener hasta la llegada de un escenario más favorable en el ámbito del Estado, que le permita negociar una salida del callejón sin salida en el que se ha metido. Porque la principal falacia de Mas es que él no es ni ha sido nunca independentista.

Esta situación es lamentable, especialmente porque en el otro lado nos encontramos delante de un Gobierno del Estado con Mariano Rajoy al frente. Un Gobierno sordo a las demandas reales de la mayoría de la sociedad catalana que, independentista o no, desea establecer una nueva forma de relación con el Estado.

Rajoy no puede o, mejor dicho, no quiere dar ninguna respuesta más allá de "la ley no lo permite". Podríamos añadir que la identificación de España con el Gobierno del PP de Rajoy es una de las causas del éxito del independentismo en Cataluña, incrementada por la desconfianza en la alternativa de un PSOE poco definido.

El problema de Rajoy es que no puede escuchar. Y no lo puede hacer porque, hace mucho tiempo, él y su partido crecieron con una política anticatalana, la de "España se rompe", que les permitió conseguir réditos electorales y hoy no puede cambiar de postura porque su electorado no lo entendería. Sólo le faltaría a Rajoy y al PP, después de cambiar en el tema del aborto, hacer un cambio en su posición hacia Cataluña para conseguir hundirse definitivamente.

Es evidente que estaremos ante una situación difícil en los próximos meses. No hay duda de que hace falta un cambio que sólo puede venir determinado en los próximos procesos electorales, tanto en Cataluña como en el Estado.

En el Parlamento de Cataluña no hay duda que se verán cambios importantes, con la posibilidad de que no haya una mayoría independentista, que no quiere decir que pueda haber una mayoría anticatalanista. En cuanto al Congreso de los Diputados todo hace evidente que también se pueden dar cambios importantes a partir de una pérdida de la mayoría del PP.

Para salir de la situación actual no hay duda que habría que hacer confluir los deseos de cambio en Cataluña con los deseos de cambio en el Estado. Y con esta confluencia, conseguir un nuevo proceso constituyente de reforma del Estado en todos sus aspectos: territorial, institucional y social. En fin, habrá que ver qué sorpresas nos depara el 2015.
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