Las cotizadas siguen recurriendo al 'scrip dividend' para potenciar su capital

28 de abril de 2014 (19:40 CET)

En su reciente Junta de Accionistas, CaixaBank confirmaba que seguirá retribuyendo a sus accionistas con la fórmula del scrip dividend, consistente en que éstos cobrarán el dividendo en acciones en vez de en efectivo. El banco catalán lo combinará con el pago en efectivo a partir de 2015, regresando al 100% del pago en efectivo en 2016. Todo indica que el resto de entidades van a seguir la senda marcada por el Banco de España con objeto de seguir acumulando capital.

El scrip dividend no es más que una forma para reforzar los fondos propios de una sociedad. Y desde que el Banco de España recomendara esta práctica en junio del pasado año, la situación de solvencia del sistema bancario español ha experimentado una sensible mejoría, lo que va a permitir a las entidades españolas hacer frente a los test de estrés comunitarios en unas condiciones generalmente más favorables.

En 2013, de los 22.000 millones de euros pagados por las empresas cotizadas españolas en concepto de dividendos, cerca del 41% correspondía a un pago en scrip dividend. Una fórmula que, desde que se inició la crisis financiera en el 2008, cada vez ha sido más común. Especialmente, por parte de los bancos, que les permite con el apoyo del regulador, fortalecer las ratios de capital exigidas por Basilea y el BCE, aunque en el fondo de esa fórmula, en opinión de ciertos analistas, subyace las bajas cotizaciones bursátiles de algunas sociedades que practican el scrip dividend desde que éste tomara carta de naturaleza en el ámbito de las empresas cotizadas.

La práctica del pago en acciones ha permitido a más de una entidad salvar el pago de dividendo y, con ello, evitar salidas de caja de cantidades muy sustanciales de efectivo. Iberdola, por ejemplo, con esta práctica del scrip dividend ha evitado la salida de caja de más de 3.500 millones de euros en los cuatro últimos ejercicios. Y ello, como ocurre con otras compañías o entidades, permitiendo que sea el accionista el que elija si prefiere cobrar dividendo en euros o en acciones, no pudiendo superar el 25% del beneficio consolidado atribuido de este ejercicio en el pago en efectivo.

El Banco de España, principal impulsor de que la fórmula limitadora se haya extendido al sistema financiero, empieza a mostrar su preocupación. Ahora recomienda que las entidades hagan un esfuerzo adicional para moderar este tipo de retribución, “de manera que los dividendos totales tiendan hacia niveles sostenibles a medio plazo, de modo que resulte posible satisfacerlos íntegramente en efectivo en el futuro sin que ello perjudique una adecuada constitución de reservas”.

El sistema que parece simplemente transparente y equitativo ha recibido desde siempre fuertes críticas, ya que las acciones que se entregan al accionista en concepto de dividendo proceden de una ampliación de capital.

Es decir, se emiten nuevas acciones para pagar el scrip dividend y, por lo tanto, aunque el accionista perciba estás acciones, en el fondo el efecto que tiene como accionista de la empresa que ha repartido el scrip dividend es nulo. Al emitirse nuevas acciones, también se diluye el capital proporcionalmente a las nuevas acciones percibidas y por lo tanto su participación futura en los beneficios de la compañía.

En definitiva, y como señala un analistas, la tarta es la misma, pero ahora hay más trozos y más pequeños y por lo tanto la rentabilidad es inferior a la que se propugna.
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