Las cosas que ha dicho el independentismo

09 de diciembre de 2014 (00:00 CET)

No pasará mucho tiempo hasta que llegue el momento en que no podamos ni considerar posible que el independentismo haya dicho las cosas que ha dicho en los últimos meses. Dejando aparte la turbación mental que implica decir que Santa Teresa de Jesús o Cervantes eran catalanes de pura cepa, la clase política soberanista y sus opinantes de cuota han llegado a expresar tales extremos que en poco tiempo, como quien busca olvidar un mal sueño, no podremos creer que se hayan dicho las cosas que todos sabemos.

Un caso llamativo fue el del conseller de la Generalitat postulante de que los catalanes no secesionistas son pre-demócratas. Ni la más elevada incultura política legitima un disparate que sitúa en estadios anteriores a la democracia a por lo menos dos tercios de la ciudadanía de Cataluña. Son muchos pre-demócratas. Varios millones.

El secesionismo ha sido un discurso con más descalificaciones que argumentos


Si los no secesionistas eran pre-demócratas, ¿qué son los independentistas? Su mantra fundamental ha sido que la calle tiene una legitimidad superior a la ley, dejando por completo al margen el principio universal de que sin ley no hay democracia ni libertad. Por otra parte, ¿cómo puede un gobierno autonómico pedir que se cumpla su normativa competencial si es que se ha convocado a la sociedad a incumplir la Constitución de la que, de una u otra forma, dimanan los estatutos de autonomía, los Mossos d'Esquadra y el sueldo del conseller?

Otras, muchas cosas que ha dicho el secesionismo resultarán tan increíbles que probablemente van a olvidarse pronto. Han sido un discurso con más descalificaciones que argumentos, como se ha visto en toda la apuesta absurda por una Catalunya independiente que no tuviera que renegociar su ingreso en la Unión Europea. Con alegría insensata se ha dicho a los ciudadanos que no había peligro alguno porque Europa no se atrevería a dejar fuera a la Catalunya de la secesión. Sin embargo, el hecho es que Catalunya no ingresó nunca en la Europa comunitaria. Si está en la Unión Europea es como parte de la España que con mucho esfuerzo ingresó en su día, como ingresó en la OTAN.

Hay indicios de que la marea secesionista retrocede, aunque dejará un rastro de frustración del que nadie, mucho menos Artur Mas, se querrá hacer responsable. Al independentismo, en realidad, las cuentas no le han cuadrado ni en sus momentos más apasionados, ni ha tenido suficientes argumentos sólidos para justificarse.

Hay indicios de que la marea secesionista retrocede, aunque dejará un rastro de frustración del que nadie, mucho menos Artur Mas, se querrá hacer responsable


Lo que estamos constatando es que dispuso de reservas de emocionalidad y no se ocupó de fundamentarlas en términos racionales. Eso dará para algunas antologías, si es que vale la pena publicarlas. Ciertamente, eso no interesa a los dos tercios de la sociedad catalana que –según se dijo en su día- no son demócratas sino pre-demócratas por la única razón de no ser independentistas.

El cupo de falacias más descomunales corresponde a los argumentos económicos a favor de la independencia. Hay la abundancia de despropósitos justificaría un precio anti-Nobel de atribución colectiva. Cuando las cosas se vayan calmando, ¿qué dirán los economistas y los constitucionalistas que se dejaron llevar por el sentimiento de la extrema diferencia sin tener en cuenta los datos de la razón? Cierto: puede existir una argumentación racional de la Catalunya independiente pero en esta ocasión estaba ausente, de cada vez más pre-demócrata, hasta el extremo de la añoranza feudal. 
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