Las bodegas Raventós i Blanc vuelven a los beneficios

29 de abril de 2014 (23:27 CET)

Las bodegas Josep Maria Raventós i Blanc dieron la vuelta a su cuenta de resultados, con una ganancia de 213.000 euros en 2013, frente a pérdidas de 155.000 en 2012. El grueso del excedente se aplicó a enjugar saldos negativos arrastrados de otros ejercicios. La cifra de ventas se redujo levemente hasta los 5,3 millones. Los recursos propios suman 7,2 millones.

La firma radica en Sant Sadurní d’Anoia. Tiene de presidente a Manuel Raventós Negra. Éste ocupó plaza, durante un cuarto de siglo, en el máximo órgano de gobierno de La Caixa, del que llegó a ser vicepresidente. Gracias a esa presencia, ingresó en los estados mayores de varias filiales y participadas de la caja, como la holding Criteria, la aseguradora Caifor, Inmobiliaria Colonial y Panrico-Donut. Así mismo ocupó puestos de consejero en Abertis, Repsol y Aguas de Barcelona, generosamente retribuidos. Hace cinco años, cesó en la cúpula de La Caixa y poco a poco abandonó todas las demás poltronas de la constelación. Agbar fue, en 2013, la última de ellas.

La viticultora Josep Maria Raventós i Blanc se fundó a mediados de los años 80 del siglo pasado. Josep Maria Raventós Blanc, que venía desempeñando la gerencia del gigante Codorniu, fue depuesto de forma fulminante por las demás ramas familiares de la casa, encabezadas por Manuel Raventós Artés, a las que se había enfrentado por cuestiones relativas a la calidad de los caldos.

A raíz de ese incidente, los Raventós Blanc vendieron su participación en Codorniu por 6 millones de euros. Luego intentaron hacerse con las bodegas Segura Viudas, Castellblanc, Canals Nubiola, Conde de Caralt y René Barbier, pertenecientes al imperio de Rumasa, que el Gobierno socialista sacó a subasta tras expropiarlas inicuamente.

Perdieron la puja. Las cinco empresas, con un valor patrimonial neto de 9 millones de euros, se adjudicaron a Freixenet en 1984 por la nada astronómica suma de 1.650 euros.

El trasiego resultó muy provechoso para Freixenet. Significó el arranque de una briosa expansión que le permitió superar al cabo de un tiempo a su competidora Codorniu, hasta entonces líder indiscutible del mercado del espumoso.

Los Raventós Blanc fundaron entonces la bodega propia que lleva sus apellidos. Asimismo adquirieron la heredad vinícola Chateau d’Aiguilhe, sita en Burdeos, pero su explotación no dio los frutos esperados y se desprendieron de ella unos años después.

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