Las astucias de Pérez Rubalcaba

28 de mayo de 2014 (00:00 CET)

El sentido táctico y la capacidad de emboscar al adversario son constantes en la vida política de Alfredo Pérez Rubalcaba. Ahora que se aparta de la dirección del PSOE, sus seguidores habrán de emularle en su intuición del tempo mediático.

En el fondo, no pocas veces ha actuado como una suerte de conspirador barojiano. Como en un recuerdo imborrable, en el PP se le atribuye la concepción del sesgo que tomaron las cosas después del atentado de Atocha y que contribuyeron a la derrota electoral de Mariano Rajoy.
 
Europa tiene un líder consolidado de centro-derecha, Angela Merkel, y un líder por consolidar en el centro-izquierda

De modo precipitado, Rubalcaba ingresa en el rango de las figuras senior. A pesar de sus diferencias y fricciones pudiera ser que Rajoy le añore, puesto que había indicios de un pacto entre PP y PSOE para afrontar el efecto del secesionismo catalán en el Congreso de los Diputados. El pacto se estaba ampliando en cuestiones europeas y, tal vez, en materia de inmigración.

En realidad, Rubalcaba era una pieza del establishment político y su sustitución puede alterar la franja gris de statu quo que el sistema democrático ubica entre el presidente del Gobierno y el líder de la leal oposición.

Posiblemente ahora mismo nadie sepa quién será el sucesor de Rubalcaba. Como precedente, es explicativo tener en cuenta que, tras la marcha de Felipe González, el liderato socialista paso por vicisitudes fugaces hasta la aparición entonces impactante de Rodríguez Zapatero.

Ahora sabemos que el zapaterismo fue un paréntesis de dudosas cualidades. Se negó a ratificar elementos básicos del felipismo y dejó de lado núcleos fundamentales de los consensos de la transición.

Como ejercicio de política-ficción uno puede preguntarse como estarían hoy las cosas si Zapatero hubiese supuesto una adaptación general del felipismo y no otra cosa. Si hubiese sido capaz de hacer las reformas que hizo el socialdemócrata Schroeder en Alemania, el impacto de la crisis --una crisis que negó hasta el penúltimo instante-- hubiese sido distinto. Pero con política-ficción no se arreglan las cosas.

Las elecciones europeas han dejado claro el estancamiento del centro-izquierda. Se salva Renzi. Eso deja a Europa con un líder consolidado del centro-derecha que es Angela Merkel y un líder por consolidar en el centro-izquierda.

Ese es el panorama en el que el PSOE tiene que decidir su nuevo liderato. Escoger un clónico de Zapatero tiene peligro.

En fin, Rubalcaba se va. Fue tres veces ministro y vicepresidente-portavoz, pero es ya muy improbable que algún día se mude a la Moncloa. Para unos, es un jugador de póker; para otros, un ejemplar maestro de la flotación. ¿Hubiese podido ser un estadista? Tal vez un político de los últimos tiempos de la Restauración Alfonsina, de crisis en crisis. Como para hacer corro con los cronistas políticos después de evacuar consultas, con abrigo de cuello de astracán y sombrero de copa. A ver quien le sucede en esta época de sincorbatismo y de conspiraciones inspiradas por El ala oeste de la Casa Blanca.
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