Languidece la percepción-espejo en Cataluña

23 de octubre de 2014 (00:00 CET)

Los sociólogos hablan de la percepción-espejo. Es la tendencia en la gente a dar por supuesto que los demás piensan como uno mismo. Será algo a tener en cuenta cuando, con suficiente perspectiva, analicemos lo que está sucediendo en Cataluña.

Un sector muy manifiesto de la sociedad catalana parece haber creído que otros sectores, tanto o más significativos, daban por supuesto que, al separarse de España, Cataluña viviría su edad de oro. Según parece, esta percepción-espejo está viéndose gradualmente empañada, hasta la confusión.

Con los indicios de recuperación económica, irse de España ya no es lo mismo que cuando la economía española estuvo a punto de tener que ser rescatada. Del mismo modo y a pesar de los datos económicos reciente sobre Alemania, quedarse fuera de la Unión Europea tampoco es lo mismo que cuando llegó a parecer que el euro se derretiría en poco tiempo.

En virtud de aquel empuje inicial del efecto-espejo, todo tropiezo en la política exterior de España parecía dar la razón al secesionismo. Puede advertirse que ya vamos entrando en otra fase, en la que la desorientación sustituye al entusiasmo en quien, dejándose llevar por la percepción-espejo, diese por hecho que la Cataluña independiente estaba a la vuelta de la esquina.

Ahora tenemos la incorporación de España como miembro no permanente del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. Como fleco de la guerra fría, los miembros permanentes con derecho a voto siguen siendo China, Estados Unidos, Francia, Reino Unido y Rusia. Corresponde a un pasado geopolítico que ha cambiado mucho. La Unión Europea como tal debiera ser miembro permanente, pero tanto la ampliación del Consejo como la probabilidad de que Francia o el Reino Unido cedan su asiento es algo hoy por hoy remoto.

 
Sigue discutiéndose si la ONU sirve de mucho o de poco, pero de no existir deberíamos inventar algo parecido
Los miembros no permanentes son diez y se renuevan por un ciclo bienal. ¿Sirve de algo estar en el Consejo de Seguridad como miembro no permanente? De algo debe servir dado el interés de tantos países por tener presencia. La ONU es un mastodonte de movimientos dificultosos, pero por dificultosos que sean se deciden en el Consejo de Seguridad.

La entrada de España ha sido una operación de Estado, actividad de cada vez menor frecuencia, con la participación de Felipe VI en la reciente Asamblea General que por dos tercios aprobó la candidatura española. Entre otros, habrán votado a favor los países de la Unión Europea. Ventajas de una pertenencia que el independentismo considera prescindible.

Eso le da a España una mayor influencia a escala mundial. Es mejor estar que no estar. Pensemos en el Norte de África, por ejemplo. En un mundo que se tambalea saliendo y entrando de una y otra crisis, por la mesa del Consejo de Seguridad pasan todos los conflictos y las decisiones que se proyectan en el mundo globalizado. Sigue discutiéndose si la ONU sirve de mucho o de poco. Como sea, de no existir deberíamos inventar algo parecido.

Estas iniciativas tienen que ser políticas de Estado y sería un noticia excelente que el nuevo líder del PSOE reafirmase el consenso con el gobierno del PP respecto a los grandes rasgos de la política de España en la Unión Europea, tal como había promovido Alfredo Pérez Rubalcaba.

Por el Consejo de Seguridad pasan los temas fundamentales de ese mundo azaroso y complejo que está ya en la segunda década del nuevo siglo. Diplomáticamente, por lo que se ve, la operación se ha hecho con discreción y un timing tan preciso como efectivo.
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