La ventaja comparativa de una Europa densa

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09 de septiembre de 2011 (10:18 CET)

Vivimos tiempos de desunión e incertidumbre. Capeamos como podemos el temporal causado por ese antiguo amigo de la familia con el que ahora nuestra madre (la vieja Europa) le pone los cuernos a nuestro padre (el Estado del Bienestar). El tío además habla en plural mayestático y se hace llamar “los mercados”.

Cuando las disparidades son grandes, la actuación conjunta, aunque más necesaria, suele ser complicada. Mientras divisas refugio como el bono suizo llegan a pagar tipos (¡nominales!) negativos -lo que muchos monetaristas considerarán una ‘aberración’- el bono griego a dos años alcanzó un interés del 50%, propio de un esquema Ponzi. Los inversores exigen tipos tan altos porque intuyen que la deuda no podrá ser reembolsada.

En este momento, en el que sobran diagnósticos y faltan remedios, es importante hacer hincapié en los puntos fuertes que Europa aún tiene, como base para futuras acciones. La geografía económica europea comparada con la de los otros gigantes parte con una situación de relativa ventaja. En un mundo post-carbono, la densidad económica, que mide la actividad económica que se da en un lugar determinado, será una variable clave.

La densidad del PIB, que es una buena aproximación a la densidad económica, fue un concepto introducido por John Gallup, Jeffrey Sachs y Andrew Mellinger (tres de los más importantes investigadores en crecimiento económico de la actualidad), y se calcula multiplicando el PIB per cápita por la población que vive en un quilómetro cuadrado. Japón y la Unión Europea siguen siendo las áreas con una densidad del PIB más alta.

Este hecho no es neutral, la actividad económica es mucho más intensa cerca del océano o a lo largo de ríos navegables donde el transporte por barco es fácil. Al mismo tiempo, climas temperados con lluvia moderada parecen ser extremadamente importantes, posiblemente por la productividad de la agricultura, pero también al mitigar enfermedades.

En la época del petróleo barato el transporte por carretera no pudo contrarrestar del todo esa tendencia y ahora, con el crecimiento de las interconexiones gracias a las TIC, el mundo, en lugar de ser más plano como predecía Thomas Friedman, es crecientemente puntiagudo. Ello se ve reflejado en sostenidas disparidades globales y regionales en cuanto a la densidad económica.

Por su escasez, el precio del petróleo probablemente suba en el futuro. Aun si no lo hiciese por causas naturales, un sistema impositivo racional debería incrementar sus impuestos para que incorporasen la totalidad de los efectos externos negativos ligados a la contaminación que el consumo de crudo ocasiona. En este sentido, y con los actuales costes de la tecnología alternativa, es previsible que los precios del transporte suban en el futuro. Incluso si no subieran, los costes de la distancia si que lo están haciendo.

Para los servicios y productos intensivos en conocimiento, el ciclo de producción se acorta, y los oferentes adquieren una ventaja competitiva cuando son capaces de vender en un margen de tiempo reducido. Por eso, estar cerca de la demanda es una variable clave, y aquí entra también en juego el tamaño del mercado europeo.

Unas buenas infraestructuras de transporte en barco y por ferrocarril que ayuden a afrontar un mundo con escaso petróleo y, la notable densidad económica, relativamente estable a lo largo y ancho del territorio, permiten afrontar el futuro con garantías. Primero, porque la densidad es un elemento clave en la generación de conocimiento al facilitar los intercambios y el flujo de ideas (externalidades positivas), segundo, porque la relativa uniformidad de la densidad minimizará los conflictos futuros relacionados con los desequilibrios territoriales de riqueza.

En los poderosos emergentes (como China, India y Brasil) donde el crecimiento económico ha ido acompañado de una híper urbanización, el incremento en los precios de transporte previsiblemente creará unas tensiones importantes entre las zonas ricas urbanas y el interior menos denso; en Estados Unidos, donde el proceso de urbanización está correlacionado con la explosión de los suburbios horizontales, los efectos de un encarecimiento del transporte automóvil serán dramáticos.

En resumen, un área geográfica relativamente pequeña como es Europa, que maximiza la difusión de innovaciones, conocimiento y permite los intercambios con buenas infraestructuras; donde los polos económicos están lo suficientemente cerca los unos de los otros para racionalizar los desplazamientos de trabajo y transporte; y con una agricultura productiva que ganará peso sirviendo mercados locales, tiene, en un mundo post-carbono, todas las de ganar.
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