La venda en los ojos de Pedro Sánchez

19 de enero de 2016 (21:35 CET)

Calor y bochorno en Buenos Aires, tan vacía la ciudad como Madrid en agosto. Este año, los argentinos con posibles se marchan a Brasil por la cabalgante inflación de precios argentinos y por el desplome de la moneda brasilera.

Mis amigos que quedan en la ciudad no muestran interés alguno por las cosas de España. Para ellos, una crisis no es una sorpresa; están acostumbrados a convivir con ella. Intento motivarles, pero me cuesta.

En España seguimos estancados pero con algunas certezas. Podemos no se ha salido con la suya y no conseguirá disociar sus alianzas en cuatro grupos parlamentarios. Una seria contrariedad para Pablo Iglesias que no puede cumplir una promesa/condición hecha a sus socios periféricos. Y una oportunidad para que respiren las contradicciones que sin duda existen en las formaciones que tendrá que liderar y representar en el Parlamento el jefe de Podemos. Empezarán los conflictos internos.

Ciudadanos, su líder Albert Rivera, ha perdido la paciencia con Podemos y ha pasado a una ofensiva contra la organización de Iglesias. Albert Rivera abandona su tancredismo y toma la iniciativa. Está dispuesto a apoyar gobiernos en minoría tanto del PSOE como del PP. Es una baza en el caso de que se repitan las elecciones porque habrá demostrado la utilidad de sus votos frente al inmovilismo de los demás. No quedará por él. Hay algunas certezas más, aunque ya las sabíamos. En espera de conocer el contenido del discurso de investidura de Mariano Rajoy, es seguro que no logrará pasar la prueba en primera votación.

El Rey tendrá que mover ficha y decidir si encarga formar Gobierno al líder del PSOE. En ese momento, si llega, Pedro Sánchez tendrá que enseñar las cartas de que dispone para formar una mayoría con sus pretendidos socios radicales y nacionalistas. Sabremos, también, si el leasing de senadores cedidos a los nacionalistas era el primer pago de un hipotético apoyo a su investidura.

También hemos tomado nota de que el Rey está convencido de que habrá que convocar nuevas elecciones. Es escenario retrasaría el intento de formar Gobierno hasta abril. Una interinidad amortiguada por la relajación de la amenaza secesionista catalana.

Explico a mis desmotivados amigos argentinos que en España, en la reciente España democrática, es la primera vez que nos vemos en la tesitura de negociar pactos y coaliciones para formar un Gobierno. Algo consustancial en otros países europeos. Los líderes españoles están prisioneros de sus fantasmas. Tienen pánico a que sus propuestas no sean entendidas por los ciudadanos. No hacen política, solo maniobras orquestales en la oscuridad.

Una vez más tengo que usar el postureo para explicar lo que ocurre en España. A Pedro Sánchez incluso le asusta conversar con Mariano Rajoy. Todavía no ha entendido que en política hay que hablar hasta con el diablo. El pánico a que Podemos estigmatice cualquier contacto con el Partido Popular demuestra muy poca confianza en su capacidad pedagógica. E incluso le resta capacidades en el diálogo o desencuentro con Podemos.

Además, no está claro que una nueva consulta electoral perjudique las aspiraciones del PSOE. Dependerá de la actitud política de Pedro Sánchez, que duda una vez más de sus propias capacidades. Se abre paso a la necesidad de un Gobierno en minoría del PP, controlado férreamente por PSOE y Ciudadanos, como única alternativa para evitar elecciones.

Esta aseveración se consolida sobre la idea de que la imposible coalición que busca Pedro Sánchez sería un desastre para el país y para el propio partido socialista. Hay más cosas. No muchas más. Poco a poco Podemos pierde el derecho pretendido a no dar explicaciones de sus actos. A pesar del blindaje que todavía le brindan algunos comunicadores, sobre todo en televisión, las explicaciones de su financiación y sus compromisos con Irán se abren camino en los periódicos y en la fiscalía anticorrupción.

Para terminar el esbozo de este puzle hay que apuntar la contradicción institucional de que el Rey no reciba a la presidenta del Parlament de Catalunya ni al nuevo president de la Generalitat, Carles Puigdemont. El Jefe del estado ha optado en cumplir la letra de la ley, firmar los decretos, pero no recibe en su despacho a quienes persisten en pretender independizarse.

El nacionalismo no cede en su tentación independentista, pero sopesa sus fuerzas y los plazos. No le salen las cuentas. Se dilata la amenaza antidemocrática pero no desaparece. No sé si estas líneas hacen luz donde no hay oxígeno para las velas.

La bolsa sigue bajando como el petróleo, que ahora abunda más con la vuelta de Irán al mercado. Incertidumbre en las perspectivas de la economía española, sólo favorecido por el ahorro en la cuenta energética. Como estamos de guardia, al otro lado del Atlántico, le seguiré trasladando mis informaciones, mis inquietudes y mis vaticinios.
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